
Un paseo por un mercado puede activar recuerdos que parecían olvidados. Para Mariana Fuentes Mier, ocurrió en Puebla mientras caminaba junto a su sobrina Sofía. Entre objetos y oficios cotidianos reapareció una figura antigua: el aguador. A partir de ese encuentro comenzó a tomar forma Primavera/Verano 2027. La segunda colección de Fuentes Mier nace así de una memoria personal que también pertenece a una historia colectiva.
Durante el México colonial, el aguador transportaba agua desde los pozos hasta las casas. Su oficio todavía permanece en algunas comunidades indígenas. Mariana observa también la forma circular del jarrón asociado con esa actividad. Después la traslada a Cristina, una nueva bucket bag de líneas depuradas. Isabel retoma la silueta con flecos. Una versión pouch incorpora cabezas olmecas realizadas en plata esterlina.
El ejercicio revela cómo trabaja Fuentes Mier con la herencia. Una referencia histórica puede cambiar de escala, material y función hasta convertirse en un objeto contemporáneo. La colección evita tratar el pasado como una imagen inmóvil. En cambio, lo utiliza como un repertorio de formas capaces de adquirir nuevos significados.
La memoria familiar proporciona otro archivo. Las visitas de Mariana a su abuela Pilar reaparecen mediante los muebles de palma que recuerda de su casa. Su geometría inspira una nueva interpretación de la bolsa triangular de la marca, bautizada en honor a ella. Idalia, Diana y Sofía continúan también desde la colección debut. Sus construcciones desestructuradas de napa regresan ahora en nuevos tamaños y colores.


Nueva York introduce otra velocidad. José, un weekender, responde al desplazamiento constante entre trabajo, ciudad y viajes breves. A él se suma Alberta, un tote XL ligero, funcional y unisex. El contraste entre ambas ciudades atraviesa toda la propuesta. Puebla proporciona recuerdos y referencias; Nueva York obliga a pensar cómo esos objetos pueden incorporarse a la vida presente.

Los oficios mexicanos ocupan un lugar central en ese proceso. Una edición limitada incorpora bordados de seda de tradición otomí, realizados junto a artesanos de Tenango de Doria. Árboles de la vida y milpas de maíz aparecen entre los motivos. La técnica ha sobrevivido mediante una memoria oral transmitida de madres a hijas. En este caso, la memoria deja de ser únicamente una experiencia individual. También funciona como método para conservar conocimiento.


Fuentes Mier mantiene además su colaboración con mujeres tejedoras de Santa María del Río para desarrollar rebozos en nuevas combinaciones cromáticas. La joyería se produce artesanalmente en Taxco y vuelve sobre el agua como símbolo de abundancia y vida. Pescadores olmecas y peces aparecen entre sus referencias. Un collar realizado con ónix de Tecali de Herrera incorpora la singularidad natural de cada piedra y adquiere el carácter de talismán.
La colección reúne así geografías distintas dentro de un mismo objeto. Puebla aparece en una caminata y en la memoria doméstica. Tenango de Doria permanece en un bordado. Santa María del Río entra mediante el tejido y Taxco mediante la plata. Nueva York funciona como el lugar desde donde Mariana vuelve a ordenar todas esas referencias.
Esa distancia resulta importante. Recordar un lugar desde otro obliga a decidir qué permanece y qué cambia. Para Fuentes Mier, México aporta materiales, técnicas, formas y recuerdos. La vida neoyorquina introduce ritmo y nuevas necesidades. Primavera/Verano 2027 convierte esa distancia en diseño: objetos capaces de viajar sin desprenderse del lugar del que provienen.