Glenn Martens se despide de Diesel como empezó: provocando

Glenn Martens convierte su última colección para Diesel en una fiesta desbordada donde deseo, caos y provocación recorren prendas que se fusionan, se cortan y engañan al ojo.

Diesel primavera/verano 2027

Una pareja se besa entre el público. Cerca de ellos, alguien comienza a bailar. Otros cuerpos se acercan demasiado, irrumpen en conversaciones o ejecutan movimientos que parecen no pertenecer al desfile. Durante unos instantes resulta difícil distinguir quién fue invitado y quién forma parte del espectáculo. Glenn Martens se despide de Diesel borrando precisamente esa frontera. Su última colección para la marca sucede dentro de una fiesta donde mirar deja de ser suficiente.

El espacio funciona como un club construido para perder temporalmente ciertas reglas. Entre los invitados se mezclan 200 performers de (LA)HORDE, el colectivo artístico de Marsella. Sus intervenciones comienzan discretamente y aumentan de intensidad conforme avanza el desfile. Bailan, se besan, se provocan y ocupan el espacio de manera impredecible. Parecen actuar por impulso, aunque cada gesto pertenece a un happening cuidadosamente construido. El público termina convertido en parte involuntaria de la coreografía.

La elección resulta coherente con los cinco años de Martens al frente de Diesel. Su trabajo encontró energía en aquello que parecía excesivo, incorrecto o deliberadamente fuera de lugar. La fiesta ofrece el contexto perfecto porque permite alterar temporalmente las convenciones. Una prenda puede estar mal colocada. Un cuerpo puede mostrar demasiado. El deseo puede interrumpir el orden. Incluso vestirse deprisa después de una noche intensa puede convertirse en método de diseño.

La colección lleva esa sensación directamente a la construcción. Una chamarra de piel encerada aparece sobre un blazer con pespuntes. Debajo surge un tejido acanalado fusionado con el cuello de un tracksuit y puños de camisa. Las prendas se acumulan hasta convertirse en una sola. Los recortes con forma de orquídea revelan dónde ocurre la unión. La misma operación produce pantasocks que mezclan piel y denim. Martens hace visible el momento exacto en que una categoría deja de ser estable.

Después comienza el engaño. El denim recibe recubrimientos y tratamientos láser hasta parecer piel. Abrigos de tweed y chamarras invernales aparecen impresos sobre camisas ligeras. Un shearling del primer desfile de Martens regresa convertido en trompe l’oeil. Incluso unos aparentes micro shorts de denim son una impresión transferida irregularmente sobre jersey. La imagen de una prenda puede ocupar el lugar de la prenda misma.

El cuerpo introduce otra forma de alteración. Faldas aparentemente recatadas desde el frente desaparecen parcialmente por detrás. Pantalones y piezas de sastrería se abren mediante cortes extremadamente bajos en la cintura. Camisetas, sudaderas y vestidos pierden tanta materia que apenas conservan su estructura. Las orquídeas aparecen alrededor de esas aperturas mediante bordados y formas semejantes a pétalos. La flor funciona como señal de deseo, pero también como instrumento para abrir la ropa.

Diesel primavera/verano 2027

A medida que avanza el desfile, la construcción parece perder todavía más control. Una camiseta se arruga y cose hasta convertirse en bra top, bandeau o vestido. Camisas y prendas de sastrería quedan atrapadas sobre sí mismas. Vestidos florales transparentes se retuercen alrededor del cuerpo. Un top sostenido por un cinturón recupera la primera pieza que Martens presentó para Diesel. El desorden está calculado para conservar la apariencia de accidente.

Todo termina regresando al denim, el material que ha sostenido gran parte de su lenguaje en la casa. Hay jeans bootcutampliados mediante paneles en los tobillos y modelos rectos tratados para parecer piel. Otros incorporan aberturas pensadas para stilettos. Una camisa de denim aparece integrada a unos jeans como si alguien acabara de atarla alrededor de la cintura. Finalmente llegan unos micro shorts llevados hasta una proporción casi absurda.

El último look pertenece a Ella Snyder, quien también abrió la primera colección de Martens para Diesel. La decisión convierte la salida en una imagen circular. Entre ambos momentos quedan años de denim manipulado, prendas destruidas, ilusiones ópticas y una sexualidad deliberadamente incómoda. El soundtrack lleva entonces el happening hacia su clímax con una reinterpretación de “Love to Love You Baby” de Donna Summer.

Los accesorios continúan el juego. El D-ONE aparece en distintos acabados y añade charms que convierten objetos cotidianos en piel. Un calcetín funciona como pouch y un periódico como clutch. El nuevo LOCK-D incorpora el Double D como cierre. La misma hebilla del D-ONE pasa a pumps, mules, botas y clogs. Por primera vez, Diesel presenta además lencería estructurada con boning y bordados de orquídeas.

La flor reaparece en joyería y conecta la colección con Only Desire, la nueva fragancia de Diesel. El deseo proporciona así una última clave para entender la despedida. Martens nunca planteó Diesel como una marca que necesitara comportarse correctamente. La ropa podía engañar, exponerse, deformarse y resultar incómoda. Su último desfile lleva esa libertad hasta una fiesta donde nadie permanece completamente como llegó. Cuando termina la música, Glenn Martens ya ha dado su última vuelta.