
La perfumería de lujo se construyó sobre una lógica bastante clara de firma y proyección. El perfume debía anunciarse, fijar una identidad y dejar rastro. En años recientes, esa relación empezó a cambiar. Una parte del mercado se ha movido hacia fragancias más íntimas, más próximas a la piel y menos ligadas al gesto de imponerse en el espacio. Acqua di Parma lee ese cambio con Buongiorno La Collezione, la nueva línea que presenta durante la Milan Design Week 2026 a través de Il Chioschetto, una instalación itinerante que ya pasó por Nueva York y después continuará por Düsseldorf, Seúl y Shanghái.

La colección se articula alrededor de la idea del perfume como experiencia cotidiana antes que como declaración. Acqua di Parma define estas nuevas composiciones como skin scents, fragancias concebidas para privilegiar la sensación y la cercanía sobre la proyección.
La Milan Design Week funciona bien como contexto para ese movimiento. Hace tiempo que las casas de moda, belleza y hospitalidad dejaron de acudir a la semana del diseño solo para presentar objetos. Hoy la utilizan para construir mundo: colaboraciones, instalaciones, publicaciones, piezas de edición especial, café, vajilla, mobiliario. Acqua di Parma entra en ese terreno con una propuesta bastante completa. Il Chioschetto, diseñado por Dorothée Meilichzon, retoma la silueta de la vela Chapeau! de la maison y la convierte en un kiosco itinerante que integra producto, libro, objeto, hospitalidad y activaciones sensoriales en una misma escena.



El proyecto no se limita a exhibir fragancias. También incorpora el volumen Buongiorno – The Art of Living Under the Italian Sun, producido y publicado por ERG Media, así como una pieza de porcelana diseñada por Matteo Cibic, artista italiano cuya visión también guía la campaña visual de la colección. El libro funciona como una extensión narrativa del universo de Buongiorno: fotografía, textos y referencias al estilo de vida italiano entendidas no como folklore, sino como una forma de organizar el día alrededor de gestos simples. La vajilla, por su parte, refuerza esa traducción del perfume a un sistema más amplio de objetos y rituales.
En ese sentido, lo más interesante de la propuesta no es solo la fragancia, sino la manera en que Acqua di Parma la inserta dentro de una idea más general de lujo. Ya no se trata únicamente del producto como centro, sino de la experiencia que lo rodea: un café servido por un barista en determinados horarios, talleres de Atelier del Profumo, juegos olfativos, paneles que se abren para mostrar productos y publicaciones, estructuras visuales que amplían el universo de la colección hacia el espacio público. Todo eso ayuda a construir un tono. Uno menos monumental y más cercano a la hospitalidad.