En la isla de la Giudecca, un hotel que devuelve escala a Venecia

Frente a San Marcos, pero a la distancia suficiente del ruido, Airelles Palladio plantea otra manera de habitar la ciudad.

Venecia ha sido contada tantas veces desde los mismos lugares que cualquier nueva apertura corre el riesgo de repetirse. La postal está demasiado fijada entre el Gran Canal y la Piazza San Marco. Lo interesante de Airelles Palladio, Venice es que intenta entrar por otro punto, desde la isla de la Giudecca, frente a San Marcos, pero a la distancia suficiente para ofrecer una lectura menos inmediata de la ciudad. Ahí, en un conjunto de edificios históricos del siglo XVI, Airelles inaugura su primera Maison internacional y, con ella, una manera distinta de situarse en Venecia.

La propiedad se organiza alrededor de tres edificios: Palladio, Conventino y Villa Frollo, todos restaurados bajo la dirección de Christophe Tollemer, arquitecto y director artístico de las Maisons Airelles. El proyecto no se presenta solo como una restauración, sino como una intervención más amplia sobre el lugar: más de 3,000 obras, una colección de libros y una reconstrucción minuciosa del entorno material. La idea, según la propia marca, fue trabajar desde el respeto por el legado histórico del sitio, pero sin convertirlo en reliquia.

Venecia no necesita otra operación de lujo que se limite a ocupar un edificio antiguo. Lo que Airelles propone es una traducción entre el art de vivre francés que define a la marca y una sensibilidad italiana muy ligada a los oficios venecianos, los materiales y el ritmo de la ciudad. Anne-Laure Ollagnon, CEO de Airelles, lo resume como un intento de dejar que Venecia guiara el proyecto desde sus colores, sus materias y su espíritu. La fórmula puede sonar ambiciosa, pero se sostiene en la escala de la propiedad: 45 alojamientos, entre habitaciones y suites, una suite presidencial de 450 m², jardines mediterráneos, cuatro piscinas y el que la marca presenta como el spa más grande de Venecia, desarrollado en colaboración con Guerlain y complementado por el concepto Hair Spa de Rossano Ferretti.

La propuesta gastronómica

La propuesta gastronómica sigue esa misma lógica de amplitud y posicionamiento. Airelles Palladio reúne cinco espacios con identidades diferenciadas. Entre los nombres más visibles están Jean-Georges Vongerichten, que firma abc kitchens Palladio con una cocina mediterránea ligera; Nobu Matsuhisa, que lleva su lenguaje japonés a la ciudad; y Norbert Niederkofler, quien en Villa Frollo propone cenas más refinadas inspiradas en la laguna. A eso se suma Cédric Grolet, responsable de viennoiseries, postres y nuevas recetas exclusivas para la propiedad. El conjunto se completa con Palladio Bar, Zitelle Bacaro y Elton’s Club, este último desarrollado en colaboración con Elton John, residente habitual de la zona. Más que una suma de nombres, el mensaje es claro: Airelles quiere posicionar este hotel también como un nuevo destino gastronómico dentro de Venecia.

Lo mejor del proyecto quizá está en su relación con la ciudad. En vez de vender únicamente la vista, Airelles Palladio insiste en el acceso a una Venecia menos obvia. Visitas privadas nocturnas a la Basílica de San Marcos, experiencias exclusivas y una lectura más silenciosa de la Serenísima, lejos del flujo turístico más inmediato. La Giudecca siempre ha ofrecido otra escala de la ciudad.

El edificio principal ocupa el antiguo instituto de las Zitelle, diseñado por Andrea Palladio, donde se acogía a jóvenes nobles sin dote y se les enseñaba el arte del encaje. La iglesia Santa Maria della Presentazione, consagrada en 1588, también forma parte del conjunto y fue restaurada junto con obras de maestros venecianos. Villa Frollo, por su parte, pasó de residencia aristocrática a academia y más tarde a refugio de artistas a inicios del siglo XX. Airelles no solo entra a ese patrimonio: lo reactiva desde una nueva economía del lujo.