
Cuando la temporada de celebraciones se aproxima, Van Cleef & Arpels invita a redescubrir la magia de su savoir-faire a través de dos colecciones que personifican la elegancia en su máxima expresión: Alhambra y Flowerlace.
Desde 1968, Alhambra ha sido sinónimo de suerte y armonía. Su icónico trébol de cuatro hojas —reinterpretado en nácar, ónix o piedras ornamentales— se convierte cada año en un talismán luminoso que celebra los instantes más significativos. En cada pieza, el equilibrio entre materiales preciosos y un diseño atemporal revela la herencia artesanal de la Maison, transmitiendo calidez y sofisticación.


Por su parte, Flowerlace florece con un lenguaje poético que rinde homenaje a la feminidad. Inspirada en la ligereza del encaje y en la perfección natural de las flores, transforma el oro y los diamantes en un juego de luces y texturas que acompañan las noches más elegantes del invierno. Su meticulosa orfebrería, donde cada detalle evoca delicadeza y precisión, refleja la devoción de la Casa por el arte joyero.
Ambas colecciones son un homenaje a la belleza y a los momentos que perduran. En esta época decembrina, Van Cleef & Arpels convierte el acto de regalar o de regalarse en un gesto de luz y fortuna, reafirmando su legado como símbolo de elegancia eterna.