
Lady Premier, la nueva colección de Breitling, pertenece a la categoría de relojes que marcan la historia. Inspirada en los modelos Premier Fantaisies de la década de 1940, Lady Premier recupera el espíritu audaz de una era en la que el cronógrafo dejó de ser una herramienta para convertirse en una declaración de estilo. Aquella visión —iniciada por Willy Breitling y alimentada por su musa y esposa Beatrice— encontró en las mujeres no solo un público, sino un punto de partida. Mucho antes de que los hombres dejaran atrás los relojes de bolsillo, ellas ya los habían convertido en una extensión de su carácter.
Hoy, casi un siglo después, Breitling vuelve a mirar hacia esa esencia con una colección que entiende la elegancia como movimiento. Lady Premier es todo lo que su nombre promete: femenina, segura, exacta. Una pieza que no grita lujo, sino que lo sostiene con la discreción de quien no necesita demostrarlo.

La construcción de Lady Premer
Sus cajas elípticas, las correas de cocodrilo en tonos degradados y las esferas satinadas como seda crean un lenguaje visual que oscila entre lo clásico y lo inesperado. Hay versiones en acero inoxidable de 36 mm con calibres automáticos, y en 32 mm, con movimientos SuperQuartz™ certificados por el COSC, que combinan precisión técnica con sensualidad visual. En algunas piezas, diamantes cultivados en laboratorio caen en cascada desde las asas, recordando que la sostenibilidad también puede tener brillo.
“Lady Premier es una nueva versión del reloj elegante, seguro y lleno de carácter —igual que la mujer que lo lleva”, dice Georges Kern, CEO de Breitling. Y tiene razón: cada superficie del reloj —del oro responsable a los reflejos nacarados de las esferas— habla de confianza.

Detrás del diseño está Pablo Widmer, director de producto de la firma, quien lo define como un ejercicio de “retro moderno”: tomar lo que despierta emoción y traducirlo al presente con curvas, matices y proporciones contemporáneas.
Hay algo cinematográfico en Lady Premier. Tal vez sea la herencia de Raquel Welch, que llevó un Breitling en la película Fathom en los años 60, o tal vez sea ese modo en que la luz se posa sobre el metal pulido, como si cada segundo fuera una coreografía.