
Durante los meses más inciertos de la pandemia por covid-19, el galerista Nicholas Olney, presidente de Kasmin Gallery, y Boris Vervoordt, director de Axel Vervoordt Co, imaginaron un espacio creativo que diera cabida a exposiciones experimentales, en contacto con el entorno natural. El resultado es Meridiano, una nueva sede artística en la costa del estado de Oaxaca.


Este centro, concebido para albergar obras en diálogo con la naturaleza y la arquitectura, fue diseñado por el arquitecto japonés Tatsuro Miki. Su propuesta parte de una idea clara: que el espacio no imponga, sino que acompañe. Las líneas son sobrias, los materiales —como la piedra y el concreto— se integran a la vegetación y el cielo oaxaqueño se convierte en parte activa del recorrido visual.

La galería se asemeja más a un templo que a una sala de exhibición. La luz natural, que entra desde aberturas superiores, baña las paredes con suavidad, creando una atmósfera introspectiva. Meridiano no busca asombrar con espectacularidad, sino con pausa: la experiencia de recorrerlo es, en sí misma, una obra.

Otra parte del libro
Ubicado en una zona aún poco intervenida por el turismo masivo, este nuevo espacio forma parte de una corriente que privilegia la contemplación sobre el consumo. Aquí no hay distracciones. Solo piedra, luz, horizonte y arte.

Meridiano se suma así a un nuevo mapa de centros culturales en México donde la arquitectura, el paisaje y la curaduría dialogan en igualdad de condiciones. La iniciativa no solo representa una colaboración internacional entre nombres consolidados del arte contemporáneo, sino también una apuesta por descentralizar la oferta artística y explorar nuevas formas de conexión entre las obras y quienes las observan.

La propuesta curatorial de Meridiano.Art, todavía en evolución, promete abrir camino a artistas cuyas obras desafíen los límites del espacio tradicional. Más que una galería, este nuevo recinto es una invitación a estar presente.
Ig. @meridiano.art