Atlantis Dubai y el arte de querer más

En Atlantis Dubai, el lujo es norma. Dentro de uno de los hoteles más extravagantes del mundo, el agua fluye sin pausa y el espectáculo nunca termina.

ATLANTIS DUBAI
Fotografía cortesía.

Si el lujo tiene un límite, esa línea no existe en Atlantis Dubai. Aquí, la idea de grandeza es apenas el punto de partida. Lo descubrí durante una conversación sobre un imperio que ofrece historias cuidadosamente diseñadas: Atlantis The Royal y Atlantis The Palm. Ambas propiedades parecen existir solo para desafiar nuestra noción de realidad. En Dubái, nada es casual. Todo está pensado para dejarte sin palabras.

Atlantis Dubai pertenece a Kerzner International, un conglomerado hotelero que también opera One&Only, Zaya y Rare Finds, marcas de hospitalidad donde la experiencia lo es todo. Atlantis Dubai ha sido llamado “un destino dentro de un destino”, y no es una exageración.

ATLANTIS DUBAI
Fotografía cortesía.

Atlantis The Royal, por ejemplo, abrió hace apenas dos años y medio. Lo inauguró Beyoncé con un show privado que se hizo viral en redes sociales. El tipo de puesta en escena que parece más parte de un mito que de una inauguración. Pero aquí, el mito es parte del servicio. El edificio consta de seis torres: tres residenciales, tres hoteleras. Desde sus Sky Pool Villas puedes flotar en una alberca infinita con vista a la Palm Jumeirah. En tu habitación encontrarás un set de amenities de Hermès y artículos de baño chapados en oro que, por supuesto, puedes llevarte a casa.

En Atlantis The Royal, la privacidad no es un lujo. Es una política de diseño. Las suites tienen entradas independientes, salas de cine privadas, salas de vapor, comedores con capacidad para 12 personas, y vistas que parecen renderizadas por computadora. El servicio está afinado al nivel molecular: mayordomos digitales, menús de almohadas, fragancias personalizadas. Todo está ahí para que no tengas que pedir nada.

Y mientras más aprendo sobre los distintos espacios del hotel, algo se hace evidente: el lujo aquí no se mide en mármol o estrellas Michelin, sino en control. Control de la experiencia, del ambiente, del tiempo. Puedes decidir si quieres pasar el día en el beach club Nobu By The Beach, exclusivo para adultos y con camarero al atardecer incluido, o si prefieres el delirio de altura de Cloud 22, un club con vistas panorámicas.

Y si te cansas de ver, puedes comer. Tanto Atlantis The Royal como Atlantis The Palm son un santuario para foodies de alto perfil. Cuentan con opciones de espacios gastronómicos para todos los gustos. Dinner by Heston ofrece cocina británica histórica; La Mar de Gastón Acurio lleva Perú a Medio Oriente; Milos, desde Grecia, sirve mariscos frescos. Studio Frantzén es un híbrido nórdico-japonés-francés del aclamado Björn Frantzén.

Pero quizás lo más fascinante de todo este ecosistema no es su escala, sino su justificación. Porque la Palm Jumeirah es una isla construida por humanos. La gente la puede llamar artificial, pero justo eso es lo increíble. Es una muestra de lo que el ser humano puede hacer. Se trata de demostrar que la imaginación humana, combinada con suficiente presupuesto y obsesión, puede crear algo majestuoso.

También hay conciencia ambiental. Porque en un mundo donde el lujo ya no puede ser indiferente, Atlantis Dubai presume sus certificaciones EarthCheck, sus programas de cero plásticos, su software que mide desperdicio de comida, su hospital marino para peces y delfines.

Este lugar no es para todos, y eso es exactamente lo que lo hace atractivo. Atlantis Dubai logra que, por un momento, sientas que el mundo te pertenece.

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Fotografía cortesía.