
Pocos artistas contemporáneos han logrado algo tan complejo como Jean-Michel Basquiat. Su nombre se ha convertido en un fenómeno cultural capaz de trascender el mundo del arte, aparecer en titulares de subastas millonarias, influir en la moda y convertirse en un símbolo para distintas generaciones. Sin embargo, detrás del mito, del mercado y de la imagen, permanece un pintor cuya obra continúa exigiendo nuevas lecturas.
Este verano, el Pérez Art Museum Miami (PAMM) propone precisamente eso.
A partir del 25 de junio, el museo presenta Basquiat: Figures, Signs, Symbols, una exposición que reúne algunas de las pinturas más reconocibles del artista por primera vez en Miami.
La muestra coincide con la llegada de visitantes de todo el mundo a la ciudad durante la Copa Mundial de la FIFA 2026. De esta manera, el museo se convierte en uno de los escenarios culturales más relevantes del verano.
La exposición reúne cerca de una docena de obras procedentes de la colección de Kenneth C. Griffin, fundador y director ejecutivo de Citadel y uno de los principales benefactores del museo.
El proyecto fue organizado por Franklin Sirmans, director del PAMM, y Megan Kincaid, curadora de la colección Griffin.
La relación de Sirmans con Basquiat también ayuda a comprender la importancia de la muestra. El curador conoció la obra del artista siendo un joven neoyorquino. Además, a lo largo de su carrera ha participado en algunos de los proyectos más importantes dedicados a Basquiat, incluida la retrospectiva organizada por el Whitney Museum en 1992 y la exposición del Brooklyn Museum en 2005.
La muestra permite volver a observar algunas de las imágenes más emblemáticas del artista. Entre ellas se encuentra Untitled (1982), una de las obras que mejor refleja la obsesión de Basquiat por la cabeza humana. También destaca Untitled (Tenant) (1982), donde una figura esquelética parece cargar el peso del mundo.

Por otro lado, In Italian (1983) funciona simultáneamente como retrato, estudio anatómico y documento autobiográfico. Asimismo, Pez Dispenser (1984) se ha convertido en una de las piezas más reconocibles de su producción.
Sin embargo, la exposición va más allá de una reunión de obras icónicas. También propone una reflexión sobre algunos de los temas que atravesaron toda la carrera del artista: la raza, la historia, la religión, la desigualdad, el poder y la construcción de la identidad.
Nacido en Brooklyn de madre puertorriqueña y padre haitiano, Basquiat desarrolló una mirada profundamente influenciada por el Caribe y la experiencia de la diáspora. Esa perspectiva encuentra una resonancia particular en Miami, una ciudad construida a partir de migraciones, mezclas culturales y comunidades diversas.
Quizá por ello la exposición adquiere una dimensión especial dentro del contexto de la ciudad. Mientras Miami se prepara para recibir a miles de visitantes durante el Mundial, el PAMM propone una experiencia distinta: detenerse, observar y volver a mirar a uno de los artistas más importantes del siglo XX.
Más allá del fenómeno del mercado o de la figura convertida en ícono cultural, Basquiat: Figures, Signs, Symbols invita a redescubrir al pintor. Un artista que utilizó símbolos, palabras y figuras para hablar de memoria, historia y poder. Su complejidad continúa revelando nuevas preguntas más de tres décadas después de su muerte.
En un momento en el que su imagen parece estar presente en todas partes, la exposición del PAMM recuerda algo fundamental: Basquiat sigue siendo, ante todo, un pintor que exige tiempo, atención y una mirada más lenta.