
Biarritz ocupa un lugar decisivo dentro de la historia de Chanel. Fue ahí donde Gabrielle Chanel abrió su casa de costura en 1915 y comenzó a reorganizar la relación entre cuerpo, movimiento y vestuario. Lejos de la rigidez de los salones parisinos y de las convenciones asociadas a la alta costura de la época, la costa vasca ofrecía otra manera de habitar el tiempo y el espacio.
En Biarritz, la ropa debía responder al exterior. El mar, el viento y la arena exigían funcionalidad y libertad de movimiento. Así, Gabrielle Chanel introdujo materiales como el jersey, el lino y el algodón dentro de un contexto donde antes predominaban estructuras rígidas y ornamentales. El resultado transformó la noción de elegancia y estableció las bases del estilo Chanel .
La colección Cruise 2027, primera propuesta de Matthieu Blazy para la Maison, retoma esa genealogía desde una perspectiva contemporánea. Bajo el título Sous le salon la plage, el diseñador desplaza nuevamente la moda fuera del salón y hacia el paisaje costero. La playa se convierte en un espacio donde códigos sociales y jerarquías pierden estabilidad.
La colección articula una conversación entre workwear, ropa de ocio y referencias a la Alta Costura. Uniformes marineros, vestidos fluidos y piezas inspiradas en el bleu de travail francés conviven dentro de una misma estructura. En consecuencia, las fronteras entre lo funcional y lo ceremonial se diluyen. El vestir se entiende como una práctica en movimiento.




La presencia de la raya vasca organiza visualmente la colección y funciona como una línea de continuidad. Al mismo tiempo, el doble C aparece integrado dentro de las prendas como un elemento arquitectónico más que como un ejercicio explícito de branding. Así, el código histórico de la Maison se transforma en parte de la construcción misma del cuerpo.

Los materiales refuerzan esta lógica sensorial. Sedas fluidas, tweeds ligeros, rafia, tejidos bordados y superficies que evocan escamas marinas introducen una relación táctil con el entorno. Además, el traje de baño ocupa un lugar central, insistiendo en la idea del cuerpo como territorio de libertad.
Dentro de esta narrativa, el vestido negro de 1926 adquiere una nueva relevancia. Matthieu Blazy lo presenta como el primer look de la colección y lo interpreta como un gesto profundamente moderno. Lo que en su momento funcionó como una ruptura estética también reorganizó jerarquías sociales. Gabrielle Chanel transformó una prenda asociada al trabajo y al servicio en un símbolo de elegancia radical.


La colección también incorpora accesorios concebidos para el desplazamiento. Desde bolsas de viaje hasta panierplayeros y piezas impermeables, cada objeto oscila entre utilidad y fantasía. Los zapatos atraviesan igualmente distintos territorios, desde tacones Art Deco hasta modelos que evocan caminar descalzo sobre la arena.
En este contexto, Biarritz deja de ser únicamente una referencia histórica. Se convierte en una forma de pensar la moda desde la libertad del cuerpo y la movilidad constante. La costa funciona como un espacio donde naturaleza, modernidad y ficción permanecen en diálogo.
Así, la colección Cruise 2027 no busca reconstruir el pasado de Chanel. Más bien, reactiva el momento en que Gabrielle Chanel transformó definitivamente el lenguaje de la elegancia. El salón se abre hacia la playa y el vestir vuelve a entenderse como una experiencia ligada al movimiento, al deseo y al presente.