Chuí: fuego, fermentos y vegetales

Un jardín, una cocina, una pausa

En medio de la Roma Norte, donde las esquinas se repiten pero nunca se parecen, hay un espacio que respira distinto. Se llama Chuí y ocupa 700 metros cuadrados, de los cuales la mitad es un jardín que no se rige por simetrías ni ornamentos. Aquí conviven helechos y bugambilias, pero también especies tropicales que parecen sacadas de otro clima, otro ritmo.

Chuí es un pequeño sistema en equilibrio. La terraza amplia, luminosa y acogedora, funciona como punto de encuentro entre quienes buscan sabor, tiempo y conversación. Cada platillo parece cocinado para ser compartido, pero también para ser observado con calma.

Alrededor del fuego

La cocina de Chuí no se preocupa por definiciones, pero sí por el origen. Hay un hilo conductor claro: el fuego. Todo gira en torno a él. Desde los fermentos hasta los vegetales cocinados con leña o ahumados con delicadeza, cada preparación tiene un punto de cocción que dice mucho del respeto por la materia prima.

La carta se transforma según la temporada. No hay ingredientes fuera de lugar ni sabores fuera de tiempo. Aquí, la fermentación es un gesto de paciencia y el horno, una herramienta de precisión. La trazabilidad no es una palabra de moda, sino una práctica cotidiana.

Entre Buenos Aires y la CDMX

Chuí no nació en la capital mexicana. Su primera versión floreció en Buenos Aires, donde fue reconocido por la Guía Michelin y por la lista de 50 Best Discovery. Ahora, su llegada a México representa una evolución natural, más que una expansión. La esencia sigue siendo la misma: cocinar con honestidad, servir con generosidad.

Rodrigo Vázquez encabeza la cocina con una mirada que combina técnica e intuición. Su trayectoria lo ha llevado por cocinas de renombre en Argentina y Panamá, y ahora se instala en la Roma para dar forma a esta nueva etapa. A su lado, Kenyi Heanna, chef ejecutivo, despliega una sensibilidad única: mezcla de influencias japonesas, italianas y latinoamericanas. Su trabajo da protagonismo a los vegetales sin necesidad de etiquetas, dejando que hablen por sí mismos.

Arquitectura que no interrumpe

El espacio fue diseñado por Abel Perles, quien transformó un antiguo galpón en una estructura abierta, sin pretensiones. Se retiraron las láminas del techo para dejar entrar el cielo y se reutilizaron para cerrar el lateral, creando un circuito entre interior y exterior. El diseño es funcional, sin adornos superfluos, con ventilación natural y luz suficiente para que cada planta —y cada comensal— respire con libertad.

Una propuesta viva

Chuí no pretende ser un restaurante de moda. No hay discursos grandilocuentes ni fórmulas repetidas. Lo que ofrece es una experiencia sincera: comer bien, en un espacio bonito, con ingredientes que tienen algo que decir. Su llegada a la Ciudad de México no es una conquista, sino un diálogo abierto entre dos ciudades que aman comer y que entienden el fuego como una forma de lenguaje.

WEB: https://linktr.ee/chui.cdmx

IG: @chui.cdmx