
Durante décadas, el steakhouse ha funcionado como una institución gastronómica reconocible. Su imaginario está asociado a códigos formales, interiores solemnes y una noción estable de lujo. Con Cursi, ese lenguaje se reescribe desde una sensibilidad distinta. El proyecto introduce la idea del “steakhouse romántico”, una categoría que desplaza la solemnidad hacia una experiencia más emocional, expresiva y culturalmente híbrida.
La propuesta se articula a partir de un contraste deliberado entre precisión técnica y desenfado estético. En el centro permanece la carne, tratada con rigor y protagonismo absoluto. Cortes como Porterhouse o Beef Hotdog estructuran el menú, mientras algunos acompañamientos introducen giros inesperados. Preparaciones como Cookies and Milk funcionan como contrapunto conceptual dentro de una narrativa culinaria que abraza el contraste.
La cocina está dirigida por Armando Acosta, cuya trayectoria incluye proyectos como Archibald, Corsi y Cerrajería. En la barra, Carmen Huizapol desarrolla una coctelería que dialoga con la tradición cantinera mexicana desde una perspectiva contemporánea. Bebidas como el Carajillo de Gloria o la Batanga Norteña acompañan la experiencia con un registro lúdico y sofisticado.





El espacio ocupa una residencia art nouveau en Chihuahua 78, dentro de Roma Norte. La arquitectura se despliega en dos niveles. En la planta baja se encuentra el restaurante, organizado alrededor de un patio central que estructura el recorrido. En el nivel superior, la experiencia se extiende hacia un programa nocturno con karaoke, selector bar y lounge, activo varios días de la semana. La sobremesa adquiere así una dimensión social más amplia.
La intervención artística de Tyler Casey y Rodrigo Roji introduce un componente visual decisivo. Un mural monumental articula el centro del espacio, mientras los distintos cuartos funcionan como escenas que exploran romanticismo, ruptura y vulnerabilidad desde una sensibilidad contemporánea.
Es así como el steakhouse deja de operar únicamente como formato gastronómico y se convierte en un escenario cultural donde conviven carne, música, arte y vida nocturna. Cursi propone habitar ese cruce con naturalidad y construir una experiencia donde el ritual clásico del steakhouse adquiere una nueva energía urbana.