David Zambrano y The Macallan como disciplina del roble

David Zambrano, embajador de The Macallan, habla del auge del single malt en México y de por qué el tiempo y la barrica explican más que cualquier nota de cata.

Fotografía cortesía.

The Macallan se entiende mejor si uno empieza por su obsesión menos glamorosa, la madera. En el mundo del single malt, muchas casas hablan de tradición, pero pocas han construido su identidad alrededor de una decisión técnica tan específica y tan costosa como el programa de barricas, en especial las de roble europeo y americano sazonadas con jerez.

A eso se suma un estilo de destilación pensado para textura y concentración aromática. Hay whiskies que buscan ligereza o filo; The Macallan tiende a buscar densidad, capas, una progresión que cambia en la copa conforme se abre.

En los últimos años, el single malt dejó de ser una categoría para iniciados y se volvió un idioma social. En ese cambio, la destilería funciona como puerta de entrada para muchos y como objeto de colección para otros. La fascinación por sus ediciones limitadas, por sus colaboraciones y por sus lanzamientos más raros depende de cómo la marca ha sabido contar el tiempo como si fuera un material. En whisky, el tiempo es costo, riesgo y espera. Aquí se presenta como narrativa.

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Ese contexto ayuda a entender por qué México es un mercado tan interesante para hablar de The Macallan hoy. El consumo local de whisky ha madurado hacia lo ritual, la sobremesa, la conversación larga. No es casual que, en una cultura donde el brindis tiene estructura y la mesa es un escenario, el single malt encuentre un lugar natural. El paladar mexicano, además, suele ser curioso y emocional. Quiere sabor, sí, pero también historia, procedencia, el porqué de una decisión.

En esa intersección se mueve David Zambrano, embajador de marca, y por eso esta conversación evita la pregunta fácil de “a qué sabe” para entrar a lo que realmente distingue a un whisky cuando deja de ser fuerte y se vuelve interesante; el color natural como consecuencia del roble, la textura como pista de destilación y crianza, la paciencia como método, y la idea de que una botella puede ser un objeto de memoria. Lo que sigue es una entrevista sobre cómo se bebe The Macallan en México, qué busca el consumidor cuando empieza a hacer preguntas, y por qué el whisky sigue siendo una forma de hablar del tiempo.

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¿Cómo percibes el crecimiento del whisky single malt en México?

México vive un momento muy interesante en la categoría de single malt. Hemos visto un crecimiento no solo en volumen, sino en sofisticación del consumidor porque hay más curiosidad, más preguntas y un interés genuino por el origen, la elaboración y la historia detrás de cada botella.

¿Qué distingue al consumidor mexicano de whisky respecto a otros mercados?

El consumidor mexicano es emocional y ritualista. No solo busca un gran whisky, sino el momento que lo acompaña: la sobremesa, la conversación, la celebración. Además, es un consumidor muy abierto a explorar y que conecta profundamente con las historias bien contadas.

Cuando alguien prueba The Macallan por primera vez, ¿qué te gusta que observe más allá del sabor?

Me gusta que observe el color natural, resultado directo de la interacción con el roble, y que entienda que no es casualidad. También que perciba la textura, la complejidad y, sobre todo, que se permita ir con calma. The Macallan es un whisky para descubrir capa por capa.

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¿Cómo describirías la filosofía de The Macallan a alguien que nunca ha probado whisky single malt?

Diría que The Macallan es la búsqueda constante de la excelencia a través del tiempo, la paciencia y la atención a los detalles. Es una casa que cree que las cosas bien hechas no se aceleran y que cada decisión tiene un propósito claro.

The Macallan es reconocido por su dedicación al roble y al tiempo. ¿Cómo explicas la importancia de estos dos elementos clave en la experiencia del whisky?

El roble es el alma del whisky, pues más del 80% de sus aromas y sabores provienen de la barrica. En The Macallan diseñamos, elaboramos y sazonamos nuestras barricas con muchísimo cuidado. El tiempo, por su parte, permite que todo se integre de manera natural y armoniosa. Juntos, roble y tiempo definen el carácter y la profundidad del whisky.

¿Por qué crees que las ediciones limitadas y las colaboraciones de The Macallan generan tanta fascinación?

Porque cuentan historias irrepetibles. Cada edición limitada es un capítulo único, donde convergen arte, diseño, herencia y whisky excepcional. No se trata solo de escasez, sino de la intención detrás de cada creación y de la emoción de poseer algo que no volverá a repetirse.

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¿Cuál ha sido la cata más memorable que has guiado y por qué?

Creo que las más memorables suelen ser aquellas en las que alguien descubre el whisky por primera vez o aquellas donde hacen preguntas. Ver ese momento de sorpresa y conexión, cuando el whisky deja de ser “fuerte” y se vuelve interesante, es algo que no se olvida.

¿Qué factores convierten a una botella en una pieza realmente coleccionable?

La calidad del líquido es fundamental, pero también influyen la historia que cuenta, su contexto, el diseño, la edición limitada y el momento cultural en el que nace. Una botella coleccionable es aquella que sigue generando conversación incluso cuando ya no se abre.

¿Qué capítulo de la historia de The Macallan te parece más relevante para entender su presente?

Me parece que es la decisión histórica de apostar por barricas de roble excepcionales sazonadas con vino de Jerez, incluso cuando implicaba tiempos más largos y un esfuerzo mucho mayor. Esa visión sigue definiendo a The Macallan hoy en día.

¿Recuerdas el primer momento en el que entendiste el whisky como algo más que una bebida?

Sí, fue cuando comprendí que detrás de cada copa hay años, a veces décadas, de decisiones, paciencia y personas dedicadas a un mismo ideal.

¿Qué botella recomendarías para alguien que quiere iniciar un ritual personal con el whisky? ¿Y para alguien que quiere celebrar un hito importante?

Para iniciar un ritual personal, recomendaría The Macallan Double Cask 12, por su equilibrio y accesibilidad sin perder complejidad. Para celebrar un hito importante, The Macallan Sherry Oak 18 o una edición especial, porque son whiskies perfectos para marcar momentos que se quedan para siempre.