
Para Freya Stark, el horizonte era la mayor de las maravillas del mundo. La exploradora británica convirtió esa línea distante en una dirección. Viajó hacia lugares que pocas mujeres occidentales de su tiempo habían recorrido. Max Mara Primavera/Verano 2027 recupera esa pulsión por avanzar, aunque desplaza la expedición hacia un territorio mucho más cotidiano.
Stark forma parte de una generación de mujeres que convirtió el viaje en una forma de autonomía. Junto a ella aparecen Osa Johnson, Eva Dickson, Amelia Earhart y Beryl Markham. Fueron exploradoras, fotógrafas, conductoras y aviadoras. Atravesaron fronteras geográficas mientras desafiaban otras impuestas por la sociedad de los años treinta.
Max Mara observa sus baúles y accesorios de viaje para pensar en la mujer contemporánea. El paralelismo evita fingir que ambas experiencias son equivalentes. Hoy, la aventura puede ocurrir dentro de una agenda saturada. El desplazamiento sucede entre trabajo, familia, tráfico, compromisos y distintos códigos sociales. La distancia ya no es necesariamente la medida de una expedición.
Esa idea convierte la chaqueta safari en el centro de la colección. Aparece en lino texturizado o gabardina brillante. Puede drapearse y anudarse hacia un costado. También se alarga hasta adquirir la soltura de un abrigo duster. Su origen utilitario permanece reconocible, pero la silueta abandona cualquier rigidez asociada con el uniforme.
La colección trabaja precisamente sobre esa tensión. La resistencia del vestuario de expedición convive con la ligereza de prendas vinculadas al espacio íntimo. Los camiknickers reaparecen como shorts. Hay faldas fluidas construidas mediante paneles y tejidos ceñidos que siguen las líneas del cuerpo. La funcionalidad y la sensualidad dejan de ocupar extremos opuestos.




La sastrería participa de la misma transformación. Un chaleco cargo se coloca sobre una chaqueta realizada en el mismo tejido. Las referencias a la aviación aparecen mediante chamarras con correas de piel y anillos en forma de D. Elementos creados originalmente para responder a necesidades concretas entran así en el vocabulario de la ciudad.
Los accesorios entienden también la adaptabilidad como una forma de diseño. Las bolsas pueden pasar de cruzadas a clutch o mochila. A su vez, los monos utilitarios aparecen realizados en organza. Una gabardina voluminosa incorpora un cinturón situado a baja altura. Max Mara conserva los códigos de la utilidad mientras modifica los materiales y las proporciones que solemos asociar con ellos.
El contraste permite revisar también la figura histórica de la exploradora. Su guardarropa estaba condicionado por movimiento, resistencia y autonomía. Sin embargo, aquellas prendas terminaron produciendo una estética propia. Bolsillos, cinturones, cierres y tejidos resistentes comunicaban una disposición hacia lo desconocido. Max Mara recupera esos signos y los separa de la necesidad de viajar a lugares remotos.


La expedición contemporánea puede comenzar mucho más cerca. Llevar a los niños al colegio, atravesar el tráfico o pasar de una reunión a una gala aparecen en el planteamiento de la colección. Son situaciones deliberadamente ordinarias. Precisamente por eso alteran el romanticismo asociado con la aventura.
Primavera/Verano 2027 propone que el espíritu explorador puede sobrevivir incluso cuando cambia por completo el paisaje. Las pioneras de los años treinta buscaban aquello que existía después del horizonte. Max Mara conserva esa actitud y la coloca frente a otro territorio. La ciudad quizá sea conocida, pero atravesarla todos los días todavía exige movimiento, adaptación y cierta disposición a lo inesperado.