
A quien corresponda:
Sé que tu voz está en blanco y tienes un grito ahogado en la culpa.
Que te sientes como una falla forzosa y valentía consumida.
Sé que intentaste coser tu vacío para que ya no le entrara dolor,
pero acabaste encerrando al frío.
Que a veces olvidas respirar y no sabes hacia dónde mover tu camino.
Sé que recordar pesa.
Que cada segundo vivido se clava, hiere y destruye.
Pero quiero decirte que te veo.
No vengo aquí a salvarte, pero tampoco a llevarte.
Estoy aquí contigo.
Te escucho y valido el dolor que nadie ha querido validar.
No lo celebro, solo lo reconozco.
No calles la voz que crees perdida.
Úsala para ser libre.
Aunque sea un poco, aunque sea en instantes.
No encierres tu historia.
Vístela de amarillo, de rosa, de verde o de negro.
Pero vístela de ti, de lo que has pasado.
Vístela de presencia.
Vístela así como Alexander Mcqueen se vistió de protesta
y usó la moda como un refugio.
Como un espacio de confrontación con sus emociones.
Usa la ropa como lienzo y suéltate ahí dentro.
Aunque sea un poco, aunque sea en instantes.
No escondas tu historia.
Llévala por su helado favorito, por ese postre que siempre quiso probar.
Regrésala a los sabores de la infancia o dale uno nuevo.
Llévala al sol de tu ventana.
Siente el viento.
Empápate de calma, aunque no del silencio que ahoga.
Déjate sentir.
No te ignores.
Acompáñate del café de cada mañana y sus dos cucharadas de azúcar.
Déjate ser fuerte con lo pequeño.
Como en aquel libro donde el duelo desayuna con el amor:
“Todo lo que no te conté” de Celeste Ng.
Aunque sea un poco, aunque sea en instantes.
No apagues tu historia.
Llena de música los recuerdos que se quedaron a la mitad.
Encuéntrate en las tardes donde sonabas a guitarra,
y en las que sonabas a angustia también.
Usa las notas y desgástalas.
Escúchalas. Escríbelas.
Vívelas tanto que al corazón ya no le quepa y tenga que hacerse más grande.
Incluso cuando no tengas cómo levantarte.
Úsalas como Phoebe Bridgers en sus canciones.
En esas que acompañan con acordes, con sueños, con dolor:
Ella dice: “No, I’m not afraid to disappear”.
Pero sigue cantando…
Exprésate, exprésalo todo.
Aunque sea un poco, aunque sea en instantes…
Atentamente,
La Muerte.
Nota:
Esta pieza es una carta escrita desde la voz simbólica de la muerte. No busca romantizar el sufrimiento ni ofrecer soluciones simples, sino acompañar —desde la literatura y la sensibilidad— a quienes han sentido el silencio, la soledad o el peso de no ser comprendidos.
Si tú o alguien cercano está atravesando un momento difícil, recuerda que no estás solo. Puedes comunicarte con profesionales o instituciones especializadas en salud mental. En Línea de la Vida (800 911 2000 en México) encontrarás apoyo gratuito y confidencial las 24 horas.