
El brillo vuelve a ocupar un lugar central dentro del maquillaje, aunque su lectura ha cambiado. Ya no se trata únicamente de acabado o reflejo. La textura, la sensación y la relación con la luz forman parte de una experiencia más amplia. Desde ahí aparece Dior Addict Glass Lipstick, la nueva propuesta de Dior Makeup desarrollada por Peter Philips.
La pieza se sitúa entre distintos formatos sin responder por completo a ninguno. Mantiene la estructura de un lipstick, aunque su comportamiento se acerca al de un gloss. A esto se suma una textura que recuerda a un bálsamo. Esa combinación organiza el proyecto y redefine la manera en que el brillo se construye sobre los labios.
La fórmula requirió más de cien pruebas para alcanzar su composición final. El resultado es un stick con base de aceites que, al entrar en contacto con la temperatura de la piel, modifica su textura y libera un acabado espejo de apariencia casi líquida.
Dentro de esta nueva estructura, Dior introduce dos direcciones visuales. Por un lado, un acabado glossy de brillo continuo. Por otro, una superficie sparkly que amplifica la reflexión de la luz y genera una dimensión más visible.


La colección se desarrolla en dieciséis tonos. Rosas suaves, nudes con variaciones cálidas, rojos intensos y marrones más profundos organizan una paleta pensada para mantener saturación y luminosidad simultáneamente. Shades como 599 Adiorable, 306 Rose Charms y 906 Talk My Dior concentran esa dirección cromática.
El objeto también se transforma. El estuche clásico de Dior Addict aparece completamente revestido en plata espejo, incorporando detalles holográficos y nuevas versiones intercambiables inspiradas en el universo couture de la maison. Materiales como denim, piel rosa con moños y bordados cannage amplían la relación entre maquillaje y accesorio.
La campaña retoma esta idea de exceso brillante desde una narrativa más lúdica. Anya Taylor-Joy, Jisoo y Willow Smithaparecen dentro de un universo visual construido entre dulces, reflejos y superficies translúcidas. Filmada por Torso y fotografiada por Drew Vickers, la campaña desplaza el maquillaje hacia un terreno más performativo.
Con Dior Addict Glass Lipstick, el brillo deja de funcionar como detalle final. Se convierte en el centro de la composición.