
Jonathan Anderson, director creativo de Dior, presentó el arquetipo del «aristócrata despeinado» hace un año. Ahora, en su tercera colección masculina para la maison, vuelve a demostrar cómo utiliza la cultura popular para equilibrar la elegancia del tailoring tradicional de Dior con una visión contemporánea e innovadora.
La escena ocurre en dos planos simultáneos. En el centro, una fiesta casera durante la mañana siguiente dentro de una elegante mansión urbana. Fred Again suena por los pasillos desde un iPod conectado a una bocina. Los sobrevivientes de la noche anterior todavía llevan encima los restos de la fiesta. Aun así, parecen listos para acudir al tradicional brunchdominical de una tía conservadora, donde solo el mejor atuendo es aceptable.

En el otro extremo están los asistentes a Fashion Week. Equipados con toallas frías y fresas para soportar una de las olas de calor más intensas que ha vivido París, observan el show mientras el desfile avanza.
Para su colección Primavera/Verano 2027, Jonathan Anderson tomó como punto de partida la forma en que viven los jóvenes hoy. Un elemento ocupó el centro de la propuesta: la cultura rave.
En sus propias palabras: «Especially in London at the moment, there is a whole new movement of kids going out. Rave culture is starting back up again… something is changing – it is more loose in terms of approach.»


Y, efectivamente, loose define la colección. El aristócrata despeinado no es una idea nueva dentro del universo de Anderson. Sin embargo, esta temporada decidió llevar el concepto todavía más lejos. La inspiración parte de una noche que nunca termina y se convierte lentamente en el día siguiente. La corbata desaparece, pero las lentejuelas permanecen. Incluso una bata puede formar parte del atuendo, siempre que esté confeccionada con la precisión del tailoring. Así, la transición entre la pista de baile y los compromisos del domingo ocurre de forma natural.
Precisamente en esa transición aparece la tensión. Y, según Anderson, toda la colección está construida alrededor de esa idea.
«Dior is about tailoring, but where do you find tension within the character?… You can have a beautiful suit, but then you have the show that is more distressed. You can have a tailoring look, but then you are ripping out the innards of it and rebuilding it. It is about experimentation.»
Si existe un traje, hay que relajarlo. Incluso puede acercarse al universo de la pijama. Si existe una bata, entonces debe construirse desde la sastrería.


Ese juego de contrastes estuvo presente durante todo el desfile. Las pijamas convivieron con gabardinas perfectamente confeccionadas. El esmoquin adquirió una actitud laissez-faire gracias al chiffon y a las construcciones deconstruidas. El código black tie apareció combinado con un abrigo de mezclilla y un colorido weekender bag. Algunas corbatas de moño torcidas conservaban un aire sofisticado para quienes aún seguían de fiesta. Otros looks abrazaban por completo el brillo de la noche. Lentejuelas holográficas, jeans desgarrados y prendas metálicas de gran volumen construían una especie de alta costura inspirada en la cultura rave.




Fred Again en Dior
La cultura rave no solo estuvo presente en la ropa. También se escuchó en la música. Jonathan Anderson invitó al productor y DJ británico Fred Again a crear la banda sonora del desfile. Su objetivo era reflejar la energía del resurgimiento de la escena rave londinense.
A través de la música, Anderson quiso trasladar a la ropa la lógica de los remixes que caracteriza el trabajo de Fred Again. La idea consistía en demostrar cómo un significado puede reconstruirse a partir de elementos ya conocidos. En las prendas, ese ejercicio se traducía en modificar el contexto original de cada pieza. Ya fuera mediante el tejido, la silueta o la forma de llevarla.
La yuxtaposición que aparecía en la colección encontraba un eco perfecto en la música electrónica. Todo ocurría dentro del histórico Musée Nissim de Camondo, un espacio habitualmente silencioso y actualmente en restauración. Esa condición también dialogaba con la visión de Anderson sobre la belleza de lo imperfecto.


El «BoBo» renace
La propuesta de Jonathan Anderson también establece un paralelismo con la figura del BoBo, abreviatura de bourgeois bohemian. El término fue acuñado por David Brooks en su libro Bobos in Paradise. Hace referencia a la fusión entre el mundo burgués y los valores hippies propios de la contracultura bohemia.
En términos estéticos, el estilo BoBo representa una interpretación refinada y lujosa de la moda bohemia tradicional. Conserva la calidad artesanal y las siluetas clásicas asociadas a la alta sociedad. Sin embargo, las presenta desde una actitud más relajada, expresiva e incluso deliberadamente desordenada.
En pocas palabras, un BoBo combina los símbolos tradicionales de la riqueza heredada —como el tailoring o los tejidos históricos— con el desenfado propio de la contracultura.
En esta ocasión, la contracultura elegida por Anderson es la cultura rave. Desde sus orígenes, este movimiento ha utilizado la música y la moda para ampliar los límites de la libertad y la expresión personal. A lo largo de las décadas, también ha inspirado estéticas poco convencionales y profundamente vanguardistas. Lo que comenzó en la escena underground terminó por conquistar las pasarelas de la alta moda.