
Hubo un momento en que el lujo entendía el detalle como una forma de inteligencia. Antes de que la industria quedara absorbida por la lógica de la exposición permanente, existía una relación más íntima entre el objeto y quien lo llevaba. Aleví Milano parte de esa idea y construye una propuesta donde el deseo surge desde la precisión, la permanencia y el cuidado por cada decisión.
Fundada por Valentina Micchetti y Perla Alessandri, la firma italiana ha desarrollado un lenguaje propio en el que la artesanía, la feminidad contemporánea y la contención estética funcionan como principios centrales. La conversación entre ambas deja ver una visión del lujo construida alrededor del tiempo, el proceso y la relación física que una mujer establece con aquello que viste.
Entre la tradición manufacturera de San Mauro Pascoli, la experiencia de Valentina dentro de la comunicación estratégica y el conocimiento técnico heredado por Perla, Aleví ha logrado posicionarse como una marca que entiende el calzado como una extensión de la postura, el movimiento y la percepción del cuerpo.
En esta conversación, ambas reflexionan sobre artesanía, percepción, feminidad y la necesidad de preservar profundidad en una industria cada vez más orientada hacia la superficie.


¿En qué momento se volvió inevitable crear su propia marca y qué vacío identificaron en el mercado?
Valentina: Para mí fue una realización gradual que se volvió imposible de ignorar. Después de años trabajando junto a casas de lujo y observando cómo se comunicaban y posicionaban, empecé a notar un espacio que no estaba siendo atendido: una mujer sofisticada, consciente de lo que usa, pero no interesada en logos ni en señales evidentes de estatus. Buscaba una belleza que se sintiera personal, casi secreta.
Perla: En mi caso fue algo más visceral. Crecí rodeada de zapatos: los olores, los sonidos, las conversaciones en la mesa. Conocía el oficio profundamente y podía ver que gran parte de lo que se producía, incluso en la cima del mercado, se había vuelto formulaico. En el momento en que Valentina y yo empezamos a hablar seriamente, entendí que esta era la oportunidad de crear algo que nosotras mismas estábamos buscando y no podíamos encontrar.
¿Cómo funciona hoy su diálogo creativo y de qué manera sus perspectivas individuales moldean el producto final?
Valentina: Nunca hemos separado nuestros roles de forma rígida y creo que esa es una de nuestras fortalezas. Yo aporto la mirada de la percepción: cómo será leído, sentido y deseado un zapato. Pienso en la mujer incluso antes de que se lo ponga.
Perla: Y yo pienso en lo que ocurre en el momento en que lo hace. La construcción, el ajuste, los materiales, cómo debe equilibrarse un tacón para sentirse ligero. Nuestro diálogo es constante y honesto. De hecho, discutimos mucho, y esa tensión es productiva. Las mejores decisiones que hemos tomado para Aleví nacieron de conversaciones donde ninguna de las dos estaba dispuesta a ceder fácilmente.
¿Cómo definen hoy la feminidad contemporánea y cómo se traduce en la construcción de cada zapato?
Ambas: La feminidad contemporánea, para nosotras, no es una sola imagen, sino la negativa a reducirse a una. Es fuerza y suavidad coexistiendo sin disculpas. En el zapato, eso se traduce en siluetas arquitectónicas pero nunca agresivas, refinadas pero nunca frágiles. Pensamos mucho en la postura, en cómo una mujer se mueve y se sostiene con nuestros zapatos. Queremos que se sienta elevada en todos los sentidos de la palabra, no solo físicamente.
Existe una tensión inherente entre refinamiento estético y comodidad. ¿Cómo abordan ese equilibrio?
Perla: Ese es el desafío central del diseño de calzado y, honestamente, ahí es donde la artesanía se vuelve innegociable. Cada decisión técnica —la horma, la colocación del tacón, la construcción de la plantilla— impacta directamente cómo se siente el zapato a lo largo del día. Hacemos muchísimos prototipos y usamos los zapatos nosotras mismas. Si algo no funciona, regresa al proceso.
Valentina: Y estéticamente hemos aprendido que la contención suele ser la respuesta. Cuando un zapato depende de proporciones extremas u ornamentación excesiva para resultar interesante, normalmente lo hace a costa del cuerpo que lo lleva. El verdadero refinamiento ocurre cuando el diseño potencia a la mujer en lugar de competir con ella.

¿Qué representa la perla incrustada en la suela y cómo define la identidad de la marca?
Ambas: La perla es quizá la expresión más honesta de quiénes somos. Es invisible para el mundo exterior: tienes que saber que está ahí o descubrirla por casualidad. Eso es completamente intencional. No nos interesa anunciarlo todo. La perla le habla a la mujer que lleva el zapato: es un recordatorio privado de que lo que está debajo, lo oculto, tiene tanto valor como lo visible. También es una referencia a Perla, a su nombre, literalmente incrustado en la base de cada par.
¿Qué significa operar hoy dentro de la tradición de San Mauro Pascoli?
Perla: Significa responder a un estándar. Los artesanos aquí llevan generaciones haciendo zapatos; poseen un conocimiento que no puede adquirirse rápidamente y sienten un enorme orgullo por su trabajo. Operar dentro de ese contexto es tanto un privilegio como una responsabilidad. No producimos en Italia solo por la etiqueta. Somos genuinamente parte de esa comunidad y de esa herencia.
Valentina: También nos da una credibilidad que ningún marketing puede fabricar. Cuando un comprador o una clienta visita el atelier y ve cómo se hacen estos zapatos, algo cambia. La artesanía habla por sí sola.