En paralelo

Algunas afinidades existen a la distancia. Se reconocen en resonancias cromáticas que conectan trayectorias simultáneas. A través del vestir, cada una encuentra ecos en la otra y conserva intacta su singularidad.

En Magdaleno y Jaime, total look: PRADA.

Goethe encontró en la química una metáfora para pensar las relaciones humanas. En Las afinidades electivas, publicada en 1809, recuperó una noción científica utilizada para describir la disposición de ciertas sustancias a relacionarse entre sí. Llevada al terreno de los afectos, la idea adquiría otra complejidad. La afinidad dejaba de depender exclusivamente de la semejanza y comenzaba a hablar también de atracción, correspondencia y transformación. Aquello que entra en relación con nosotros puede revelarnos sin necesariamente parecérsenos.

El vestir participa de una lógica semejante. Cada elección construye una presencia particular, pero esa presencia nunca existe completamente aislada. Una prenda cambia cuando entra en relación con un cuerpo y vuelve a cambiar cuando aparece junto a otras. El color responde a aquello que lo rodea. Las proporciones establecen ritmos. Las superficies modifican nuestra percepción de la luz y del volumen. Vestirse implica, en cierta medida, entrar en conversación con un sistema de signos.

La historia del arte ha entendido durante siglos esa capacidad relacional del color. Su percepción depende de aquello que tiene alrededor. Una misma tonalidad puede parecer más intensa, profunda o contenida según el contexto que la acompaña. El color posee una identidad propia, pero también una identidad relacional. Algo semejante sucede con las personas y con las maneras que encuentran para presentarse ante los demás.

Reloj Oyster Perpetual 28: ROLEX.
Total look: BOTTEGA VENETA.
Reloj Oyster Perpetual 41: ROLEX.
Total look: PRADA.
Patineta: LOUIS VUITTON.

En la moda, esa condición adquiere una dimensión especialmente visible. Dos figuras pueden compartir una gama cromática sin producir el mismo efecto. El tejido, el corte, la proporción y la manera de llevar una prenda transforman por completo aquello que inicialmente parecía común. La coincidencia se convierte entonces en punto de partida y no en conclusión.

Por eso resulta importante distinguir entre paralelismo y reflejo. Un espejo devuelve una imagen invertida de aquello que tiene enfrente. Las líneas paralelas, en cambio, comparten una dirección sin confundirse jamás. El reflejo presupone repetición; el paralelismo permite coexistencia. Entre ambas trayectorias permanece un intervalo que impide que una identidad termine absorbida por la otra.

Ese espacio intermedio también forma parte de la imagen. Allí se producen las asociaciones que el ojo reconoce antes de convertirlas en pensamiento. Un tono encuentra respuesta en otro; determinada estructura adquiere un nuevo sentido frente a una silueta diferente. De pronto, elementos autónomos comienzan a percibirse como partes de una conversación mayor.

Total look: PRADA.
Reloj Oyster Perpetual 34: ROLEX.
Total look: PRADA.

La moda funciona así como una gramática visual. Sus palabras pueden ser el color, la materia, el volumen o la proporción, mientras su sintaxis depende de la forma en que esos elementos se relacionan. Compartir algunas de esas palabras no significa construir la misma frase. Cada cuerpo reorganiza el vocabulario disponible y produce con él una expresión particular.

Existe también una dimensión íntima en ese proceso. Vestirse supone elegir qué mostrar, qué enfatizar y qué reservar. La ropa participa de nuestra relación con el exterior, aunque nunca consigue explicar por completo a quien la lleva. Toda apariencia contiene una parte legible y otra que permanece inaccesible. Quizá por ello las correspondencias visuales resultan tan sugerentes: permiten reconocer algo común sin pretender resolver por completo la identidad del otro.

Las afinidades pueden entenderse desde esa tensión. Goethe las imaginó como fuerzas capaces de alterar aquello que ponen en contacto. En el vestir, la transformación puede ser mucho más sutil. Basta la presencia de otra figura para modificar la lectura de un color, desplazar el significado de una silueta o hacer visible una correspondencia que antes permanecía inadvertida.

Total look: DIOR.
Reloj Black Bay 54: TUDOR.
Total look: LOUIS VUITTON.
Total look: SENTIMIENTO.
Total look: PRADA.
Reloj Oyster Perpetual 28: ROLEX.
Total look: BOTTEGA VENETA.
Total look: SENTIMIENTO.

Sin embargo, compartir códigos no exige llegar al mismo lugar. La verdadera afinidad puede consistir precisamente en reconocer algo propio dentro de aquello que permanece diferente. La semejanza absoluta elimina la distancia; la correspondencia la necesita.

Tal vez por eso avanzar en paralelo resulta una imagen tan fértil. Implica compartir dirección mientras cada línea conserva su recorrido. Entre una y otra existe una distancia constante, pero también una relación imposible de ignorar. Vestirse puede producir algo parecido: construir vínculos visuales sin renunciar a la autonomía que hace reconocible a cada individuo.

Al final, la afinidad más interesante quizá sea aquella que permite acercarse sin confundirse. Compartir un lenguaje no exige pronunciar las mismas palabras; basta con reconocer que, desde lugares distintos, algunas encuentran respuesta en las otras.

Stylist: Daniel Zepeda. Maquillaje: Adrián González. Pelo: Erich Clemenz. Stylist de props: Daniel Mosqueda. Retoque: Víctor López R. Asistente de fotografía: Chris Cid del Prado. Asistente de stylist: Camila Larrea. Locación: Studio Unposted.