Dentro y fuera de Pandora: el pulso compartido entre Bailey Bass y Tsireya

Bailey Bass habla de crecer junto a Tsireya en Avatar, su evolución actoral y el futuro de la saga junto a James Cameron.

Lo’ak (Britain Dalton) y Tsireya (Bailey Bass) en AVATAR: FIRE AND ASH de 20th Century Studios. Fotografía cortesía de 20th Century Studios.

21 años y Bailey Bass ya es parte íntegra de la saga más ambiciosa de James Cameron, Avatar. En Pandora es distinguible incluso a través de la metamorfosis que la convierte en Tsireya. Su forma de caminar, de respirar, de hablar, su acento y su mirada, todo está ligado a ella y el único cambio es estético. Bass tuvo su debut en la segunda entrega The Way of Water (2022), ya tres años en el pasado. Entonces la actriz de Nashville, Tennessee, tenía 18 años; la edad crucial en la búsqueda del ser. Hay actores que encuentran un personaje y lo interpretan; y hay otros, más escasos, que parecen crecer junto a él, como si ambos compartieran un mismo pulso. Bailey Bass pertenece a esa segunda categoría. 

Ya sabemos que Tsireya es capaz de entender el idioma del agua, de entender el código morse con el que se comunican las olas y su cadencia. Ahora lo que representa es otra cosa. La historia de Bass es inseparable de la saga: el rodaje, largo y exigente, coincidió con una etapa vital en la que la actriz transitó de la adolescencia a la adultez. Interpretar a Tsireya fue, más que un papel, una educación emocional y física: aprender a moverse como alguien de otra especie, pero también a sostener el coraje de la ternura. Porque, en un universo narrativo marcado por la pérdida y el duelo, Tsireya encarna una fuerza poco común: la valentía de ser amable. 

Conversar con ella revela esa misma cualidad que vemos en la pantalla del cine, incluso a través de la pantalla del portátil, sin disfraz ni efectos que la escondieran. Habla con naturalidad sobre el oficio, con gratitud constante hacia James Cameron y el resto del elenco, y con una honestidad que no da espacio a especulaciones. En exclusiva para M Revista de Milenio Bailey Bass construye un reconocimiento de que crecer dentro de Pandora también significa crecer fuera de ella.

(Izq. a der.) Stephen Lang y el director James Cameron en el set de AVATAR: FIRE AND ASH de 20th Century Studios. Fotografía de Mark Fellman.
(Izq. a der.) El director James Cameron, Trinity Bliss, Britain Dalton, Jack Champion y Sigourney Weaver en el set de AVATAR: FIRE AND ASH de 20th Century Studios. Fotografía de Mark Fellman. 

En The Way of Water tu personaje fue una guía, un consuelo para otros. ¿Cómo describirías su papel en Fire and Ash?

Creo que Tsireya es una guía, pero sobre todo un consuelo. La audiencia espera verla porque introdujo el océano de Pandora y, al mismo tiempo, abrió una ventana íntima hacia el clan. Ella misma está en un viaje: descubrir qué es lo correcto, cómo defenderlo sin traicionar quién eres. Esa será una de las líneas más importantes en Fire and Ash.

¿Hay un punto en el que Tsireya y tú se encuentren?

Siempre. Nunca siento que construyo a un personaje desde cero; siempre parte de ti. Yo me reconozco en su bondad, en su empatía y en esa valentía de ser amable incluso cuando duele. Eso me acompañará siempre.

Los sets de grabación son especialmente particulares: no hay escenarios ni objetos reales, solo estructuras metálicas. ¿Cómo se vuelve tangible ese mundo?

Con imaginación. Para muchos actores que llegan de otros sets es difícil, pero para mí, que empecé aquí, se sintió natural. No había sillas ni pelotas de tenis ni luces estorbando, solo la libertad de imaginar. Eso es un regalo.

Kiri (Sigourney Weaver) en AVATAR: FIRE AND ASH de 20th Century Studios. Fotografía cortesía de 20th Century Studios. 
Quaritch (Stephen Lang) en AVATAR: FIRE AND ASH de 20th Century Studios. Fotografía cortesía de 20th Century Studios.

El rodaje duró años, justo cuando tú estabas creciendo. ¿Quién crece con quién: Tsireya contigo o tú con ella?

Creo que las dos. Tsireya crece y yo también, y mi crecimiento siempre se refleja en mi manera de actuar. Hubo meses de entrenamiento para aprender cómo se mueve cada clan, cómo se deslizan los Metkayina como si fueran agua. Esa corporalidad me transformó. Y al mismo tiempo, mi propio crecimiento se cuela en ella.

La saga está atravesada por la pérdida y el dolor. ¿Cómo es cargar con esas emociones en un set?

A veces muy duro. Hubo escenas donde improvisamos porque Jim notó que mis reacciones eran distintas dependiendo de quién me gritaba. Y eso se quedó en la película. Pero al terminar, yo corría al baño a llorar. Mi mamá estaba ahí y me abrazaba. Como actriz tienes que crear rituales para salir de ese estado: quitarte el traje, lavarte la cara, cenar. Pero no siempre es fácil, porque se siente real.

Al ver la película, la experiencia parece más grande que la vida misma. ¿Es así también para ti?

Para mí, la vida ya es grande por si sola. Lo especial del cine, y en particular de Avatar, es que nos recuerda la importancia de reunirnos en una sala, de vivir un ritual colectivo. En la era del streaming, eso es valiosísimo: detenernos un par de horas, sentarnos con alguien que amamos y sumergirnos en un mundo más vasto que nosotros.