
Interpretar a un personaje por más de una década puede ser una forma de repetición, de resistencia o de búsqueda inagotable. En el caso de Bárbara de Regil, Rosario Tijeras es una figura que regresa, pero también es una extensión —cómoda o incómoda— de sí misma. “Ella y yo tenemos la misma personalidad”, dice. “Yo le presto mi personalidad y ella me presta su acción”.
De Regil ha vivido bajo el ojo público durante años. Su energía, su habla y su hiperpresencia en redes sociales la han vuelto una figura polarizante: para algunos, inspiración; para otros, simulacro.
Sobre Rosario Tijeras —que recientemente estrenó su cuarta temporada en Netflix—, dice que ha sido uno de los personajes más “divertidos y exigentes” de su carrera. Describe a la nueva versión como una “heroína” y una “leyenda”, distinta de aquella “mujer que dedicaba su vida a defenderse del mundo” en las primeras temporadas.



Hay un discurso de misticismo alrededor de la manera en que nombra al personaje, como si habitarla en esta última temporada fuese más que una interpretación. El sentimiento es más bien una reivindicación. Cuando se le pregunta sobre qué parte de ella no cabe en redes sociales ni en entrevistas, responde: “La de una mujer mentirosa”.
Menciona que le interesa el riesgo artístico y al mismo tiempo quiere conectar con todo el mundo. Dice estar dispuesta a “hacer lo que necesite el personaje”. En estas palabras no se revelan límites ni contradicciones a lo que ella presenta. Aquí, a pesar de la percepción pública respecto a la influencer, el equilibrio entre exposición y opacidad parece perfectamente calculado.



Hay momentos donde lo más humano asoma —de la misma manera en que se recuerda con calor. “Estoy completamente presente cuando cocino, cuando hago ejercicio, cuando estoy con Fer y con Mar”, dice. En esta escena de hogar las actuaciones, la noción de los 9.3 millones de seguidores se queda en la puerta y se revela un lugar sincero. Fuera del personaje, fuera del guión.
En tiempos de sobreexposición, tal vez lo más radical no sea hablar más, sino sostener una narrativa con firmeza. Bárbara de Regil ha construido la suya a través de sus pasiones. Con la misma intensidad con la que entra en cámara vive su vida. No necesita explicación ni coraje extra. Rosario —ese personaje endurecido— continúa siendo su espejo mejor iluminado y su extensión más larga.
La cuarta temporada de Rosario Tijeras ya está disponible en Netflix.