En conversación con Black Country, New Road: Respirando la vida entre cuerdas y viento
mayo 3, 2025
Fotografía: Eddie Whelan
Por: René Villaseñor
Son las cuerdas del piano; el crujir de la madera en el violín; el aire que acarrea consigo el murmullo del saxofón; guitarras que se presentan, junto con la percusión de las baquetas, al frente de un sonido que se acrecienta hasta alcanzar una atmósfera de temblores al son una cúspide emocional colectiva.
Black Country, New Road
Es en ese lugar intangible donde Black Country, New Road (BC, NR) nos regala una catarsis colectiva. Una extensión del espíritu que fluye en una marea sentimental y hacedora de recuerdos. Esa es la capacidad cualitativa del arte, una unión más allá del lenguaje que refresque la validez de nuestra existencia y se convierta en una columna que soporte los cimientos sobre los que aparecemos de la manera más visceral.
Forever Howlong (Por siempre hasta cuando en español), es el nombre del nuevo proyecto de los británicos. Es una deconstrucción del tiempo mismo y una visión efímera del futuro; siempre el futuro. “Reencarnar. Para ello se requiere esfuerzo y tiempo. ¿Cuántas veces más tendremos que hacerlo? ¿Llegará a su fin? Probablemente, en algún momento, sí. Pero se trata de aceptar la inevitabilidad de que algo termine. Eso es algo bueno, te hace valorar más lo que hay en el presente”. Así lo plasma Tyler Hyde, vocalista, liricista y bajista de la banda.
En frente de un ordenador, ligados por incidencia temporal a una pantalla que hacía las veces de lugar común, Lewis Evans (instrumentos de aire), Charlie Wayne (batería) y Hyde, comentaron sobre la intencionalidad que hay detrás de este último LP.
Esta ocasión, siguiendo la dinámica compuesta en el último proyecto de BC, NR, Live at Bush Hall, se presenta como un compás entre lo afable y lo ambiguo. A diferencia de los anteriores esfuerzos de la banda, Forever Howlong permanece fulgurante bajo el concepto de compañía como arma principal ante la melancolía del paisaje. En Ants From Up There, segundo álbum del conjunto, el clamor era otro; un grito de ayuda, un grito grave y áspero, una rugosa identidad masculina.
De izquierda a derecha: Luke Mark (guitarra), Tyler Hyde (bajo y voz), Lewis Evans (viento y voz), May Kershaw (teclados y voz), Charlie Wayne (batería) y Georgia Ellery (violín y voz).
Desde For The First Time, el primer álbum de BC, NR, el nicho ya se había construido. Sin embargo, el recorrido de la agrupación, sus líricas, la música, atraían a un grupo de fanáticos “mayormente masculino”, o al menos así lo describe Lewis Evans. “Realmente notamos un cambio en la audiencia, o en nuestra audiencia en vivo más bien, cuando lanzamos Live at Bush Hall. Hubo muchas más mujeres en el público, era mucho menos dominado por hombres. Eso hizo que el ambiente en los conciertos se sintiera más acogedor”, comentó Evans.
Esa es tal vez, la razón por la que Forever Howlong se respalde con una máxima artística: contar lo específico para propagar un sentimiento universal. “Es un sentimiento compartido, la monotonía en la normalidad llega a los espacios más remotos a lo largo de la vida. Esto convierte a la experiencia banal en una unión profundamente emocional”, describe Evans sobre esta nueva forma de interpretar la realidad.
Sin ningún espacio para la duda, la evolución sonora y lírica de la banda es aparente. Lo que antes era una voz indecisa ululando entre el canto y el habla, se convirtió en una armonía de voces femeninas entre coros más bien angelicales. Las guitarras eléctricas pierden parte del foco principal y lo ceden a las vibraciones más barrocas, más eclécticas, de la mandolina o el banjo.
Las diferencias entre el nuevo álbum comparado a sus dos antecesores son muchas. Aún así, el sonido y las letras, a pesar de distanciarse, siguen siendo un producto tercamente Black Country, New Road. “En esencia somos las mismas personas. Hemos estado tocando juntos durante mucho tiempo y, en ese periodo, hemos explorado muchos estilos de música. […] Dentro del grupo hay muchos intereses musicales diferentes. Cada uno se inspira en cosas distintas, y creo que todo eso se mezcla en una especie de gran sopa musical. […] En el fondo, todo sigue estando cimentado por los mismos músicos, con las mismas emociones y sensibilidades musicales”. Así lo plantea Charlie Wayne, responsable del tiempo y espacio en el universo sonoro de la banda.
En esta nueva entrega, los británicos hacen un recorrido por las raíces del sonido mismo. De la flauta dulce hasta el violín, son los instrumentos que permean el sentimiento general del concepto. Las influencias por otro lado, las llevan de frente y sin bruma; Joanna Newsom, Bon Iver e incluso un poco de Big Thief se pueden diferenciar por cada oído atento en busca de pruebas que le den forma al gusto musical de los ingleses.
Algo que Hyde menciona tajantemente y sin ataduras es la relación de la banda con las letras de cada canción. “Creo que hemos hablado sobre las letras más de lo que lo habíamos hecho en el pasado”, menciona la vocalista. Al mismo tiempo, con tres liricistas en el álbum, May Kershaw (piano y voz), Georgia Ellery (violín y voz) y Hyde, BC, NR ha topado con una pared que antes no estaba ahí. Así la describe Tyler Hyde:
“Cuando alguien escribe letras y tienes una relación cercana con esa persona, te lo piensas dos veces sobre tu relación con la historia que está contando. Te preguntas si la entiendes y, si no lo haces, te hace pensar. ‘Bueno, hay todo un universo de conocimiento sobre esta persona que desconozco’. Es intrigante, pero también tienes que respetar los límites de esa persona, incluso cuando es tu amigo […] no vas hurgando a menos que te inviten a hacerlo, y eso es lo increíblemente místico del arte de escribir letras y música: estás haciendo algo completamente público”.
Fotografía Eddie Whelan
Imágenes cortesía
Esta nueva versión de Black Country, New Road parece tener una nueva cercanía entre sus miembros. Se ha creado una especie de intimidad entre cada uno de los músicos, un redescubrir del pensar ajeno y de la cercanía que ofrece el abrirse por completo al oficio de difundir el sentir. Con esta nueva dinámica interna, el cambio también fue algo a lo que la audiencia se tuvo que adaptar. “Una cantidad considerable de personas, se involucran plenamente con lo que hacemos. Confían en nosotros, siguen yendo a los conciertos, y están más interesadas en el viaje que en el destino” comenta Evans respecto al cambio al que mucha de su audiencia se ha perfilado.
La reinvención de BC,NR se hace desde una nueva manera de percibir la expresión. El arte de compartir con el que está de frente y no como un estímulo de la decadencia emocional. “Incluso estando en la banda, la música anterior me resultaba muy poco identificable a nivel lírico. […] Para mí y para muchas otras personas, el tipo de experiencias que se compartían, simplemente eran impenetrables. […] Tener tres compositores y letristas ayuda a ampliar los estilos y el espectro de lo que podemos crear. La música se vuelve más accesible y, sí, creo que más personas pueden conectar con ella”, dice Hyde sobre el nivel de expresión al que la agrupación acaba de llegar.
Para cada integrante de la banda, esta etapa está llena de expectativa. Es un regreso a lo personal y así conseguir una comunidad de visiones idénticas pero no iguales. El lenguaje es siempre distinto, las barreras vienen con otra morfología, y el espacio se adapta al escucha de maneras indescifrables.
“Puede que no sea el mejor jinete ni el mejor luchador / pero creo que me gustaría ser un poco más ligero / podría intentar quitarme el casco de hierro / y entregarme a los recuerdos”, de autoría de May Kershaw, es una estrofa del último single de Forever Howlong, “For the Cold Country”. Aquí hay algo más que la historia de un caballero dejándose por completo en la batalla. El redescubrimiento personal será siempre un aspecto prevalente para la conexión entre el ser y el universo. El pasado no se puede ver, no hay tacto ni pulso, existe como fantasma en el interlocutor y, los recuerdos, dan vida a un futuro que se desenvuelve con prisa, sin miedo y sobre la manta enorme que cubre los pasos raudos en la misma tierra fértil.