
Con su segundo álbum de estudio, anónimo, Juana Aguirre se aleja de las fórmulas tradicionales de autoría y protagonismo. La artista argentina compuso, grabó y produjo este proyecto casi en su totalidad desde su home studio en Buenos Aires. Una acción de directora y entera protagonista. El proyecto es una forma de creación que privilegia la apertura, el descubrimiento y la disolución del yo; o más bien, del Todos.
Aunque la estructura de trabajo no le resulta ajena —pues ya había producido gran parte de su primer disco en solitario—, en anónimo Aguirre encontró nuevas maneras de acercarse al proceso. “Siempre compongo y produzco casi al mismo tiempo, en una dinámica donde la canción se va revelando poco a poco”, explica. Lo que distingue a esta nueva entrega, sin embargo, es una mayor disposición al riesgo: a despojarse de lo sabido, de lo seguro, para dar paso a otras formas de hacer.
Lejos de planear un concepto cerrado desde el inicio, Juana se deja guiar por una lógica más intuitiva. El disco no parte de una tesis, sino de una serie de exploraciones que, con el paso del tiempo, empiezan a formar una narrativa. “En el momento de hacer no siempre entiendes lo que estás haciendo; eso aparece después, con distancia”, confiesa. Al nivel de mis propios ojos, así se realiza todo arte. Tarea casi imposible la de replicar la imagen, sonido, estructura, espacio que habita en la mente. Y más complejo aún que el arte, el producto, respire sin perder esencia.
Esa distancia le ha permitido identificar algunos hilos que atraviesan el álbum: el cuestionamiento de la identidad, la relación con el lenguaje y una tensión constante entre mostrar y ocultar.
La elección del título anónimo condensa esa búsqueda. “Me interesa que la música tenga vida propia, que no dependa de mi historia personal para ser interpretada”, dice. Las experiencias, sin discriminar contexto, son universales. Todo lo que se expresa, encuentra eco a kilómetros de distancia. En su mirada, el anonimato no implica la ausencia de identidad, sino la posibilidad de que las canciones dejen de pertenecerle solo a ella para convertirse en espejos donde otras personas puedan verse reflejadas. La intimidad, lejos de cerrarse sobre sí misma, se convierte en una invitación.


Musicalmente, anónimo transita por un terreno híbrido en el que conviven texturas digitales y momentos acústicos, silencios sostenidos y estallidos de caos. Los contrastes están permitidos: son parte de su lenguaje. Para Aguirre, la ausencia de ruido no es pausa, es expresión, causa de sentido. “Los momentos de quietud permiten que los estallidos emocionales se sientan con más fuerza”, afirma. Este equilibrio se percibe claramente en temas como “automático”, aquí, un corte abrupto en la narrativa sonora da paso a una explosión rítmica y emocional. Una potencia inusitada que insiste sin dejar ir.
El silencio crea un espacio y eso se ataca como concepto en “anónimo”. A lo largo del álbum se despliegan paisajes —algunos interiores, otros más abiertos— que el oyente puede recorrer con la imaginación. “Hay algo en el espacio que aparece incluso cuando no lo estoy buscando. Es como si las canciones me pidieran construirse dentro de ciertos ambientes”, reflexiona. En Claroscuro, su disco anterior, esos ambientes eran bosques, cabañas, lugares alejados de la ciudad. En anónimo el espacio es más íntimo, más cotidiano. Es una conversación, una casa, una habitación, una ciudad vivida desde adentro.
Buena parte del disco fue grabado en el estudio casero de Juana, aunque también hubo etapas nómadas: sesiones en estudios prestados en Ciudad de México o Bogotá. “Me gusta armar mi pequeño hogar allí donde voy, aunque sea temporal. Viajar y trabajar así es algo que forma parte de mi historia desde siempre”, cuenta. Esta movilidad le ha enseñado a no depender tanto del lugar físico, sino de su capacidad para encontrar silencio y herramientas donde las encuentre.



A pesar del uso extensivo de tecnología —sintetizadores, samplers, edición digital—, el disco logra transmitir una cercanía inusual. Es música hecha con máquinas dirigida a las almas. “Me interesa que la digitalidad esté presente sin esconderla, que se note cómo están hechas las cosas. A veces eso le da al sonido una fragilidad particular, como si se pudiera romper en cualquier momento”, explica. La intimidad no proviene solo del contenido emocional de las letras, sino de esa honestidad en los medios de producción.
Esa misma filosofía se traslada a sus presentaciones en vivo. Lejos de reproducir el disco nota por nota, Juana ve el escenario como un espacio para reinventar las canciones. De cierta manera, escuchar algo que solo existirá por esa única vez en la que entran las ondas por los oídos, se convierte en un acto de devoción, de grandeza y cercanía con latido en aumento. “La actuación en vivo me permite descubrir nuevas formas de relacionarme con mi música, de renovar el compromiso con ella” dice Aguirre. Cada show es distinto, no por capricho, sino porque las canciones, como las personas, cambian con el tiempo y la relación con ellas, tiene que tener sufrir mantenimientos.
Cuando se le pregunta si su música permite conocerla mejor, duda un momento antes de responder. “Yo me siento muy representada por lo que hago, claro. Pero no creo que lo importante sea quién soy yo. Lo valioso es la música, es eso que sucede entre quien la escucha y lo que escucha. Si yo logro desaparecer un poco en ese proceso, mejor”. Mientras menos este su piel en la escucha, más nuestra será esa actividad.
La figura de Juana Aguirre se perfila como la de una artista que rehúye la espectacularidad, pero no el impacto. Que elige los márgenes no como trinchera, sino como un territorio fértil para ensayar nuevas formas de decir. anónimo es la demostración de que al acercarse, el sentimiento es nuestro, no es prestado ni artificial. Es algo creado desde las entrañas. En un presente saturado de imágenes, autorías y relatos personales, su propuesta nos recuerda que a veces lo más poderoso no está en lo que se revela, sino en lo que se deja abierto.
La artista argentina tendrá fecha el 14 de octubre en el Foro Indie Rocks de la Ciudad de México. Puedes conseguir tus boletos aquí.