Sofi Tukker: música cuerpo y alma 

Grabado en Brasil, Butter es la relectura más íntima de Sofi Tukker: un álbum que entra por los poros en la piel y tiembla entre líneas.

Fotografía cortesía

Al escuchar Butter, el nuevo álbum de Sofi Tukker, no solo se percibe una transformación musical, sino un gesto íntimo. Como un regreso al hogar después de un día de trabajo y despojarse de los zapatos apenas entrar. Hay algo en la textura de estas versiones que invita a la cercanía: el ritmo no golpea como en una pista de baile, más bien se desliza. Hay cuerdas, respiraciones, pequeños gestos escondidos en la mezcla que solo se perciben si uno se queda quieto, si uno escucha con el cuerpo.

La historia de este disco comienza, en realidad, con Bread, el álbum original. Butter surge como una relectura más suave, más carnal, más doméstica incluso, pero no por eso menos arriesgada. Si Bread era para moverse, Butter es para sentir.

Sophie Hawley-Weld y Tucker Halpern han construido una carrera vibrante, bilingüe y profundamente física. No solo por la música bailable que los hace reconocibles a nivel internacional, sino por una convicción muy clara: lo corporal es una forma de conocimiento, una vía en la epistemología. Desde sus primeros lanzamientos en portugués hasta sus presentaciones multitudinarias en México o Brasil, Sofi Tukker ha sabido habitar el cruce entre el pop global, la música electrónica y una poesía con pasaporte.

Para M Revista de Milenio conversamos con ellos sobre la intimidad, el idioma, el cuerpo como instrumento creativo y la forma en que han aprendido a habitar —y a escapar— del personaje que han construido.

Butter suena íntimo. Es un disco que no brinca sino se desliza. ¿Sienten que alcanzaron una cercanía distinta con este álbum?

Tucker: Sí, totalmente. Bread ya era más íntimo que otros discos nuestros, pero seguía siendo energía, fiesta, movimiento. Butter es distinto. Es un espacio para inclinarse, para escuchar de cerca. Hay matices, instrumentos en vivo, detalles que no siempre aparecen en la música electrónica. Es como si te susurrara.

Sophie: Y creo que también es sexy. No en el sentido obvio, sino en algo más sutil. Más atmosférico. Es un tipo de sensualidad que no grita.

La presencia de Brasil es clara. Está en el ritmo, en la textura, incluso en el silencio entre sonidos. ¿Desde dónde aparece esa influencia esta vez?

-Sophie: Se hizo en Brasil, con músicos brasileños, y creo que eso se siente. Hay algo tropical, pero también introspectivo. Me recuerda a la música brasileña que amo: íntima, precisa, cargada de emoción.

Tucker: Brasil es parte de nuestra historia desde el inicio. Y en Butter quisimos abrazar esa suavidad, esa profundidad emocional.

El portugués ha sido una lengua muy presente en su música. ¿Hay cosas que sientan solo pueden decirse en portugués? ¿Cómo eligen el idioma en cada canción?

-Sophie: Absolutamente. Es una lengua musical, poética, fluida. En comparación, el inglés es más directo, más cuadrado. El portugués tiene curvas.

-Tucker: Nunca decidimos de forma racional en qué idioma va cada canción. La música lo pide. A veces Sophie canta una melodía en portugués y luego la cambiamos a inglés. Otras veces, se queda así porque simplemente suena mejor. No hay estrategia. Es intuición.

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¿Creen que esa mezcla de idiomas, culturas y sonidos ha conectado de forma especial con el público latinoamericano?

-Tucker: Es difícil saberlo con certeza, pero sentimos una conexión muy fuerte con México, con América Latina. Desde el inicio.

-Sophie: Nuestro primer sencillo fue en portugués. Y de pronto conectamos con Turquía, con Italia, muchos lugares inesperados. Creo que nuestra música no se siente únicamente dirigida a un lugar. Eso nos abre las puertas.

Sophie viene de la poesía. Tucker del deporte. ¿Cómo conviven el cuerpo y la palabra en su proceso creativo?

-Tucker: El cuerpo es central para nosotros. Yo vengo del básquet, Sophie corre, nos gusta movernos. Incluso cuando hacemos música, pienso en cómo va a mover a la gente. Me imagino en una cabina de DJ y visualizo el cuerpo colectivo.

-Sophie: Incluso en Butter, que es más suave, sigue habiendo cuerpo. Es el cuerpo sutil. Lo que pasa por dentro. El efecto en el sistema nervioso al escuchar. Para mí, la música es una forma de salir de la cabeza y entrar en el cuerpo. Una especie de terapia.

¿En Sofi Tukker encuentran un disfraz o un lugar en el que pueden ser ustedes tal y como son?

-Tucker: Yo siento que soy eso. Me siento libre dentro de Sofi Tukker. Me permite arriesgarme, ser creativo, vestirme raro si quiero. No siento que sea un personaje.

-Sophie: Para mí hay una diferencia. Me encanta ser parte de Sofi Tukker, pero también necesito espacios donde solo soy Sophie. Donde no estoy representando nada. Cosas simples: hablar con mis papás, estar en silencio. Me gusta tener una vida secreta que no esté bajo el reflector.

¿Creen que los conocemos, realmente, a través de la música?

-Sophie: Creo que sí. Somos muy transparentes. No hay mucho filtro. Las letras, las melodías, incluso nuestras redes… compartimos lo bueno, lo difícil, lo que nos emociona.

-Tucker: No sabemos hacer misterio. No podríamos ser “cool” aunque quisiéramos. Lo que ves es lo que somos.