
Maria Grazia Chiuri inaugura su capítulo en Fendi con una declaración que funciona como método y como ética: LESS I, MORE US. Menos yo, más nosotros. La frase condensa una manera de entender la creación como proceso coral, en sintonía con el legado de las cinco hermanas Fendi, cuya coherencia creativa convirtió a la casa en un ejemplo de inteligencia compartida y visión sostenida en el tiempo.
La colección se articula como una geografía personal donde cada prenda es encuentro, intercambio y desplazamiento. Hay una noción de nomadismo que atraviesa el guardarropa: ropa que registra experiencias, trayectorias, afectos. Hombre y mujer avanzan juntos en la pasarela y, con ese gesto, las categorías rígidas pierden relevancia. Lo femenino y lo masculino se leen como cualidades que describen sensibilidades comunes. Las prendas acompañan la existencia diaria y se aproximan al cuerpo desde el deseo, con una atención particular a la textura y a la dimensión táctil.
El diálogo con el Archivio Mirella Bentivoglio introduce una reflexión profunda sobre lenguaje y forma. La artista trabajó el logos como materia viva, desplazando letras y fragmentos hasta convertirlos en constelaciones visuales. Al traducir esa investigación en joyería y piezas textiles, Fendi propone el ornamento como signo portador de pensamiento. La joya se entiende como poema portátil, como objeto que incorpora ambigüedad, ironía y memoria. El cuerpo se convierte en superficie de inscripción cultural.




SAGG Napoli aporta otra capa conceptual a través de afirmaciones que combinan pertenencia y límite. “Arraigada pero no estancada”, “Leal pero no obediente”. Cada fórmula plantea la identidad como equilibrio dinámico. La colaboración se construye desde individuos capaces de regular su intensidad, de sostener su autonomía dentro de un colectivo. La hermandad aparece como elección consciente, no como imposición.


Echo of Love completa el mapa con el restyling como práctica de lealtad a la propia historia. Descoser, estudiar y reensamblar una prenda implica reconocerla como archivo afectivo. La durabilidad emocional adquiere un peso equivalente al de la resistencia material. La moda se redefine como patrimonio personal y como gesto de responsabilidad compartida.
LESS I, MORE US se revela entonces como estructura operativa. Lenguaje, cuerpo y comunidad convergen en una propuesta que concibe el vestir como experiencia relacional. El yo encuentra profundidad cuando se integra en una trama colectiva donde memoria, deseo y colaboración configuran una visión contemporánea de la feminidad y de la creación.