
Bajo un concepto de fluidez y ligereza, la directora creativa de FENDI entrelaza vida cotidiana y artesanía exquisita en siluetas etéreas, donde el color y la sensualidad se convierten en protagonistas.
“Se trata de una sensación relajada y colorida de facilidad con una elegancia romántica”, explica Silvia Venturini Fendi. La colección, lejos de definiciones únicas, se mueve entre contrastes: gestos simples con una complejidad artesanal que los sostiene, suavidad y estructura, familiaridad y reinvención.
El set, concebido por el diseñador industrial Marc Newson, fue un campo cromático ondulante que amplificó la narrativa de FENDI. Inspirado en la tradición artesanal del patchwork y en la geometría digital de los píxeles, Newson creó un paisaje inmersivo de color que dialoga con el pasado, presente y futuro de la casa romana. “Esta colaboración celebra la belleza de la artesanía, la emoción de la invención y el gozo del color”, declaró.
En la pasarela, las prendas femeninas y masculinas se concibieron como un eco compartido. Los detalles evocaron tanto tirantes y corsetería como bordados florales impresionistas, que florecieron en superficies iridiscentes y textiles transparentes. La camisa masculina, reinterpretada en múltiples versiones, convivió con blusas, minis de pliegues irregulares y vestidos camiseros.






Siluetas en movimiento
La sastrería se suavizó en piezas deportivas con cremalleras abiertas y cinturas ajustables, mientras los tonos saturados —del turquesa al bermellón, pasando por el rosa coral y los amarillos soleados— propusieron un choque terapéutico de color. Paneles en contraste, jerséis bicolor, cueros perforados y jacquards translúcidos sumaron una dimensión lúdica a la colección.
Los accesorios ampliaron la narrativa. El nuevo bolso FENDI Collier, con asa esférica y bolsa fruncida, convivió con reinterpretaciones de iconos como la Baguette, el Peekaboo y el Spy, todos reimaginados en seda trenzada, cuentas transparentes o cuero tejido. El FENDI Way, un modelo trapezoidal en gamuza y piel de becerro, aportó un aire de elegancia deconstructiva.






En calzado, las sandalias FENDI Arco sling-back con tacón curvado y los mocasines calados demostraron la maestría artesanal en clave contemporánea. La propuesta se completó con joyería de Delfina Delettrez Fendi —ear cuffs esmaltados, colgantes en oro y coral, y aretes FF reinterpretados— y gafas de aviador con un giro escultórico.
El desfile se acompañó con una banda sonora diseñada por Frédéric Sanchez, quien entrelazó fragmentos del cine italiano con ópera y música electrónica, evocando un paseo pixelado por Roma.
Con esta colección, FENDI reafirma su legado centenario como un taller de innovación y artesanía, donde lo cotidiano se eleva y lo romántico se traduce en un verano vibrante y polisensorial.