
Antes que la prenda está el cuerpo. Cambia, desea, se relaciona con otros y decide cuánto quiere mostrar. Maria Grazia Chiuri parte de esa condición para Fendi Primavera/Verano 2027. Su propuesta entiende la moda como una relación entre aquello que vestimos y aquello que sentimos. La ropa aparece entonces como una segunda piel capaz de registrar emociones.
La diseñadora encuentra una referencia en E. E. Cummings. Su poema I like my body when it is with your body habla del reconocimiento a través del encuentro. Chiuri traslada esa idea al vestir. El cuerpo deja de pensarse como una entidad aislada. Su identidad también se construye mediante la proximidad, el deseo y la presencia de los demás.


La colección comienza con aquello que normalmente permanece debajo de la ropa. La lencería masculina y femenina funciona como una capa ligera entre intimidad y exposición. Puede ocultar el cuerpo o permitir que aparezca. Encajes, bordados y color amplifican esa ambigüedad. La intimidad abandona así el espacio privado y entra directamente en el guardarropa exterior.
Raffaella Carrà ofrece otra manera de entender esa exposición. La figura de la cultura popular italiana convirtió vestuario, sensualidad e irreverencia en herramientas de autonomía. Para Chiuri, su importancia reside también en la manera de alterar las jerarquías del deseo. Carrà podía utilizar el cuerpo como espectáculo sin ceder el control sobre él.

Esa referencia introduce una pregunta central en la colección. ¿Quién decide cómo debe mostrarse un cuerpo? Fendi evita responder mediante una única silueta. Las prendas se superponen con diferentes largos, pesos y consistencias. Lo brillante aparece junto a lo mate. La seda convive con el animal print. Encaje, bordado e intarsia comparten espacio sin establecer una jerarquía entre ellos.
Las categorías comienzan también a perder estabilidad. Una bata sale del dormitorio y se convierte en ropa para la calle. El terciopelo aparece junto al pergamino. Lo punk convive con lo burgués. Los zapatos adquieren la presencia de joyas. Cada combinación cuestiona la idea de que una prenda deba pertenecer a un solo contexto.



Lo mismo ocurre con el género. Masculino y femenino dejan de funcionar como sistemas opuestos. Los cuerpos se relacionan entre sí y las prendas circulan entre ellos. Chiuri propone una igualdad que no depende de borrar las diferencias. El objetivo está en eliminar la obligación de que esas diferencias determinen cómo debe vestirse alguien.
El espejo introduce otra dimensión. Habitualmente sirve para observarse a solas y confirmar la propia imagen. En el desfile, esa superficie se multiplica y obliga a mirar también a los demás. La escenografía toma como referencia Cubo di specchi de Luciano Fabro. Además, recupera la multiplicación de cuerpos de Raffaella Carrà, Adriano Celentano y los bailarines de Prisencolinensinainciusol.
El reflejo deja entonces de ofrecer una imagen individual. Un cuerpo aparece junto a otro y ambos ocupan simultáneamente el mismo campo visual. La colección convierte esa convivencia en una posición sobre el vestir. Ninguna identidad necesita imponerse sobre otra para adquirir presencia.
Fendi Primavera/Verano 2027 encuentra así su fuerza en la ausencia de jerarquías. Entre lencería y ropa exterior, ligereza y peso, masculino y femenino, cada oposición pierde rigidez. Maria Grazia Chiuri imagina la ropa como una superficie permeable al deseo y a las emociones. Vestir el cuerpo significa darle libertad para decidir cómo quiere aparecer.