
A pocos pasos del escenario principal del Dolby Theatre, existe un espacio donde el ritmo intenso de los Oscars se suspende por un instante. Allí, entre bastidores, la ceremonia encuentra un contrapunto silencioso: la Greenroom diseñada por Rolex.
Más allá de un lugar de espera, la Greenroom funciona como un interludio. Presentadores, nominados y ganadores atraviesan este espacio mientras la ceremonia continúa en directo ante millones de espectadores. En ese breve intervalo, el tiempo adquiere otra textura. El gesto de una conversación, una respiración profunda o el peso de una estatuilla recién recibida se convierten en momentos suspendidos entre la emoción y la contemplación.
Desde 2016, Rolex es anfitrión de este espacio dentro de la ceremonia. Cada edición introduce un diseño distinto, aunque mantiene una estructura central reutilizada año tras año como parte de un enfoque sostenible. La edición que acompaña la 98.ª ceremonia de los Oscars dialoga también con una fecha significativa para la marca: el centenario del Oyster, el primer reloj hermético del mundo.
El diseño de la sala combina artesanía y precisión. El terciopelo verde recubre el espacio con una sensación de calma envolvente, mientras que las superficies de metal cepillado en oro champagne crean un equilibrio visual entre sobriedad y luminosidad. Los tonos verdes y dorados establecen un diálogo simbólico entre la identidad de Rolex y el imaginario cinematográfico.
El dorado evoca el brillo de Hollywood y la fascinación del cine como espectáculo colectivo. El verde, por su parte, remite al legado de la casa y a su asociación histórica con la excelencia. Juntos crean una atmósfera que oscila entre intimidad y celebración.



Las paredes de la Greenroom presentan retratos de figuras icónicas de la historia de los Oscars. Estas imágenes no funcionan únicamente como homenaje. También actúan como un archivo visual que recuerda cómo el cine se construye a partir de gestos individuales que terminan formando parte de una memoria colectiva.
Dentro de este espacio también aparece el Oyster Perpetual Cosmograph Daytona, en oro amarillo de 18 quilates con esfera verde vibrante. Introducido en 1963, el Daytona ha trascendido su función de cronógrafo para convertirse en un símbolo de rendimiento y victoria. Su presencia en la Greenroom refuerza el vínculo entre el tiempo medido y el tiempo vivido, entre precisión mecánica y logro humano.
La relación entre Rolex y el cine se ha consolidado durante décadas. Sus relojes han aparecido en numerosas películas y han acompañado a personajes que forman parte de la historia del séptimo arte. Desde 2017, la marca colabora con la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas como Proud Sponsor de los Oscars y anfitrión oficial de la Greenroom.
Este compromiso forma parte de la Iniciativa Perpetual Arts, un programa global a través del cual Rolex apoya disciplinas como arquitectura, música, danza, literatura y artes visuales. Dentro de ese marco, el cine ocupa un lugar central.
En el silencio contenido de la Greenroom, lejos del resplandor del escenario, el cine y la relojería encuentran un punto de encuentro inesperado. Ambos comparten una misma obsesión: capturar el tiempo y transformarlo en memoria.