
El viento sopla sobre los marismas, la luz del verano se refleja en el agua, y una mujer cabalga con las riendas sueltas. Así inicia À brides lâchées, la nueva colección de Hermès. Comunión de aquello más femenino, oculto al resto y la celebración de la libertad ecuestre como instinto natural. Inspirada en una silla camarguesa conservada en los archivos de la maison —la horma fomentada con los años y el uso es unión entre jinete y caballo—, esta propuesta conjuga precisión de experto y sastrería libre de la creatividad sin columnas.




Las piezas hacen el puente entre función y arte: cueros encerados a mano, correas y hebillas que abrazan el cuerpo con natural elegancia. El matelassage, técnica que rinde homenaje al boutis provenzal, da textura a faldas asimétricas de lino, vestidos corsetados y chaquetas cortas que acompañan el movimiento. La silueta comparte la belleza indómita del animal y lo atlético inseparable del humano: cinturones-arnés, brassières estructuradas, pantalones inspirados en el overol marino y tejidos translúcidos que dejan pasar luz.




El carré —símbolo eterno de Hermès— se transforma: se anuda como top, se enrolla como collar o se superpone como escultura textil. Todo está revelado. Cada combinación es una afirmación de identidad.
En À brides lâchées, el horizonte se abre sobre un delta esculpido por el viento, donde tradición y modernidad confluyen. Hermès imagina a una mujer libre, luminosa, heredera de una estirpe que cabalga entre tierra y mar: inseparable. A leguas de distancia, eterna.