
El giro de Italia le agrega el águila al verde, blanco y rojo. Isaac del Toro, de Ensenada, Baja California y líder desde hace siete jornadas, cruzó primero la meta tras un día exigente en los Alpes. No era necesario que ganara, pero eligió hacerlo. Durante más de una semana ha sostenido la maglia rosa con firmeza. Pero fue en la etapa 17, entre San Michele all’Adige y Bormio, cuando decidió ir un poco más allá.
En una carrera como el Giro, el liderazgo se defiende con regularidad y se gana con inteligencia. Del Toro, ciclista mexicano de 21 años y vestido de rosa, mostró ambas cosas. Su jornada del martes había sido complicada: cedió tiempo frente a Richard Carapaz y dejó ver signos de fatiga. Para el miércoles, Del Toro no respondió con ansiedad, sino con ejecución. Esperó el momento adecuado, atacó a poco menos de dos kilómetros de la meta y se despegó. Cruzó la línea de llegada en solitario, sin estridencias.
Con esto, obtuvo su primera victoria de etapa en el Giro y amplió su ventaja en la clasificación general. Ahora lidera con 41 segundos sobre el segundo lugar. Esta distancia no garantiza nada, pero que en este punto de la carrera empieza a abrir las puertas del pabellón histórico del deporte mexicano.


El Giro de Italia termina este domingo 1 de junio en la vieja Roma, sin embargo, lo más probable es que la entrada a esta ciudad tenga ya escrito el nombre del ganador. Así suele pasar en esta competencia.
En sus declaraciones, el ciclista no se permitió hipérboles. Habló del trabajo en equipo, del plan previsto, del control emocional. “Nunca me rindo”, dijo, pero el tono era más el de quien constata que el camino sigue, que faltan kilómetros por recorrer y avenidas por conocer.
A tres etapas del final, Del Toro no ha ganado el Giro. Pero ha entendido algo que muchos corredores tardan años en aprender: que en una gran vuelta se gana a veces sin parecer que se está ganando. Se gana cuidando el ritmo, conteniendo el gesto, eligiendo el momento. Y ese arte, al parecer, lo domina con naturalidad.