Escuchar el silencio: la lección de John Cage

Revistiendo 4’33” de John Cage: silencio, espacio negativo y fuerza de lo invisible en la música, el arte y la vida.

Fotografía cortesía.

0’00”

Comencé a reproducir el video. El músico llegó hasta el escenario sin expresión alguna que pudiera adelantar lo que sucedería. Se sentó frente al piano, pero no lo tocó. No se escuchó ninguna nota. Nada. Todo era silencio. Me encontraba viendo la representación de la obra de John Cage, una pieza musical llamada: 4’33”. Cage fue un compositor, filósofo y artista estadounidense considerado una figura central del arte sonoro y la música experimental del siglo XX. Su pensamiento estuvo profundamente influido por el budismo zen, lo que lo llevó a concebir la música no como una construcción lógica, sino como una forma de atención plena al presente.

0’36”

No entendía lo que estaba sucediendo, pero decidí terminar de escuchar y tal vez así sabría por qué el intérprete no tocaba una melodía. Empecé explorando el silencio, mi silencio, incluso el del público. Supongo que Cage quería decirnos algo, tal vez era su forma de pedirnos que dejáramos que el silencio nos hablara en su propio idioma. Libre, capaz, valiente.

Noté el sonido de una tos y el de una persona acomodándose en su asiento. Eso es lo único que se percibía. Había momentos en los que era difícil recordar que el silencio seguía ahí y que precisamente, era el personaje principal. 

1’25”

En ese punto ya sentía una cierta incomodidad subiendo por mi garganta. Probablemente no fui la única impaciente intentando llenar ese silencio y darle algún tipo de voz, pero el objetivo era darle alma. Era poner atención a todos los sonidos no intencionados, como dijo Cage cuando lanzó la pieza en 1952.

¿Por qué lo invisible deja de ser visto, escuchado o sentido?

Estamos tan inmersos en lo visible que olvidamos que el vacío sostiene, crea y construye. Delimita el comienzo y el final de una palabra, una frase… o una vida.

2’40”

Por un momento pensé en lo completamente ridículo que era estar perdiendo mi tiempo en “eso”, hasta que recordar un concepto  logró mantenerme ahí, poniendo atención. Es el llamado espacio negativo, que ha sido utilizado en diversas disciplinas como el arte, el diseño y la fotografía. 

Es el área vacía alrededor de los elementos de una composición. No se trata simplemente de un espacio en blanco, sino de una parte activa de la imagen. Define y resalta los componentes principales. Los abraza siendo presencia, no ausencia. Equilibra y crea significado.

El diseñador Saul Bass, conocido por sus carteles de cine, y el fotógrafo Michael Freeman, autor de The Photographer’s Eye, han demostrado cómo el espacio negativo puede dar sentido y emoción a una imagen.

Hay quienes no podrían considerar 4’33” como una pieza musical, sin embargo, de alguna forma se volvió un espacio negativo durante los casi tres minutos que llevaba sonando la pieza. Moldeó el carraspeo en las gargantas de varios, el canto de los pájaros fuera de mi casa mientras escuchaba el video, un avión pasando, e incluso, estaba definiendo mis pensamientos del momento. 

3’51”

El silencio seguía envolviendo a la audiencia, mientras que el piano permanecía intacto. Pasaron por mi cabeza todos esos instantes en los que el espacio negativo había estado ahí todo el tiempo, solo era cuestión de atreverse a mirarlos. 

En el cielo de una fotografía, o en una pared blanca que enmarca recuerdos.

En el cine, donde el espacio entre dos respiros dice lo que nunca se ha dicho.

En la moda, donde no usar un pedazo de tela es crear una forma.

En una pausa en la conversación. En la aceptación.

En lo que no se ha cumplido, pero es una posibilidad.

En esperar un reencuentro… 

En la ausencia de alguien que se fue, pero que aún vemos bailar.

“Las cosas no son tan palpables ni tan fáciles de nombrar como solemos creer; la mayoría de los acontecimientos no pueden expresarse con palabras, ocurren en un espacio al que nunca ha llegado palabra alguna.” 

– Rainer Maria Rilke

Fotografía cortesía.

4’02”

¿Será que siempre estamos esperando lo complejo visiblemente?

El ruido, el caos, lo extravagante… pero tal vez el silencio, simple como es, contiene algo valioso también. En una época marcada por la hiperconectividad, la sobreestimulación y la productividad constante, el silencio puede percibirse como amenaza o fracaso. Estar en silencio, sin hablar, sin publicar, sin producir, nos confronta con una sensación que muchas veces evitamos a toda costa.

Decía Cage en sus inicios como compositor estar a favor de nuevos sonidos. Él promovía el ruido e invitaba a la incorporación de instrumentos de percusión para expandir los horizontes de la industria musical. 

“Dondequiera que estemos, lo que oímos es principalmente ruido. Cuando lo ignoramos, nos perturba. Cuando lo escuchamos, nos fascina” 

– “El futuro de la música: Credo” ensayo de John Cage. 

Años después, se cuestionó cuál era el fin con el que se escribía la música y fue cuando decidió verla desde un punto de vista distinto. Una forma algo disruptiva e incómoda. Lo hizo para ir contra la corriente de la cultura estadounidense de los años cuarenta. Una cultura centrada en el consumo, el materialismo y el alboroto. Ya para el final de la década, llegó a la conclusión de que el ruido y el silencio tenían el mismo valor dentro de la música; y que la estructura musical debía organizarse en torno al tiempo, es decir, a la duración de los sonidos y silencios, ya que era el único elemento que ambos compartían.

4’17”

Llegó un punto en el que el silencio dejó de ser una pausa y se convirtió en espejo. Ahí, sin distracciones, todo pesa más: la voz interna, la memoria, la duda.

Y ahí va cada día: la insuficiencia acechando al ruido, esperando a que se convierta en silencio para hacerle creer que no vale nada. 

Es la insuficiencia atormentando la pieza de John Cage.

Es la insuficiencia susurrándonos al oído que no somos nada estando en silencio. Que no soy. Nada.

Pero soy, precisamente, todo lo que no se ve en mí.

4’33”

El músico cerró el piano, se levantó y obsequió una reverencia. Se oyeron aplausos del público y abandonó el escenario. Yo, por el contrario, cerré mi computadora y me quedé sentada, reflexionando.

Y tal vez por eso el silencio incomoda.

Porque no lo entendemos. Porque no lo sabemos leer.

Pero ahí está, esperando a ser sentido. A profundidad.