La nueva exhibición en kurimanzutto: Marta Minujín, vivir en arte desde México

Marta Minujín regresa a México con Vivir en arte en kurimanzutto, una muestra que cuestiona mitos y celebra lo colectivo.

Fotografía por René Villaseñor.

Más de veinticinco años después de su última muestra individual en México, Marta Minujín (Buenos Aires, 1943) regresa con una exposición que condensa seis décadas de inagotable vocación en los límites del arte contemporáneo latinoamericano. To Live in Art, Vivir en arte en español, se presenta este 23 de agosto en la galería kurimanzutto. 

El espacio se construye frente a uno como un sueño de maleza caótica. La punta del obelisco se asoma por la puerta de madera que protege a la misma galería y da la bienvenida a un recinto salpicado de color. Paredes blancas y suelo gris rotos en la homogeneidad por colchones en pared disfrazados de arcoíris. 

Minujín trae a México archivo y frescura. Una colección que persigue al tiempo hasta alcanzarlo en el presente de una figura fundamental en la consolidación del arte latinoamericano.

El título de la exposición resume una declaración: para Minujín, el arte no es un ámbito separado de la vida, sino un modo de habitarla. Pionera en happenings, performances e instalaciones interactivas, su obra se ha caracterizado por el gesto radical del espectador como participante activo. Cada relato cuestionado y cada institución desmaterializada.

El obelisco horizontal

La pieza central de la muestra es “El obelisco acostado” (1978), presentada por primera vez en México. Primera vez asequible. Se trata de una réplica del monumento de la Plaza de la República de Buenos Aires, pero dispuesta horizontalmente, atravesando el espacio de la galería. Partiéndola a la mitad. En su interior, proyecciones de video muestran tanto registros del obelisco original como una puesta en escena de su supuesto traslado de Argentina a São Paulo. Con este recurso, Minujín activa la escultura como un dispositivo narrativo y conceptual que interroga el origen y el sentido de los mitos culturales.

El simple acto de derribar la verticalidad de un monumento es el desmembramiento de una autoridad implicada. Más ahora siendo el obelisco argentino. Una obra del 1978 más razonable en el 2025. Esta obra dio origen a la serie La caída de los mitos universales, un proyecto que desde hace cuatro décadas quita del podio a los símbolos que legitiman narrativas estatales y oficiales. Hoy resulta evidente replantear desde la horizontalidad formas de representación más colectivas, más democráticas.

La vida sobre un colchón

Junto al obelisco yace otra de las obsesiones materiales de la artista: los colchones, objeto implícito de cualquier hogar. Minujín comenzó a trabajar con ellos en París, cuando recogía los que encontraba desechados cerca de hospitales, pintándolos con franjas inspiradas en la moda de las minifaldas de la época. “La mitad de tu vida transcurre en un colchón. Naces, mueres, haces el amor, puedes ser asesinado en un colchón”, diría años más tarde para explicar el interés en este objeto cotidiano cargado de intimidad, violencia y deseo.

En la exposición de kurimanzutto se presentan colchones de su serie más reciente, iniciada en 2006. Cada forma suave se entrelaza y se pinta de color. Movimiento del gozo.

Fotografía por René Villaseñor.

Archivos vivos

La muestra también incluye materiales documentales que permiten seguir la evolución de su obra monumental y participativa: fotografías, diagramas de producción, recortes de prensa y procesos de instalación de piezas clave como “El obelisco de pan dulce” (1979), “La torre de pan de James Joyce” (1980) y “El Partenón de los libros” (1983/2017). Estos proyectos funden estética pop y crítica social. Transforman espacios públicos en escenarios de intervención colectiva.

La carrera internacional de la artista la llevó a Nueva York, becada por el Guggenheim; colaboró con Allan Kaprow y Wolf Vostell en Simultaneidad en simultaneidad (1966). Desarrolló piezas como Minuphone (1967). Durante los setenta y ochenta, Kidnappening, La academia del fracaso, Comunicando con tierra; un  lugar más en el circuito global.

Hoy, con más de 80 años, Marta Minujín le sigue fiel a esta premisa: vivir en arte. En Ciudad de México, celebra al arte contemporáneo. Lo involucra en una fiesta donde ella es una de las anfitrionas. Y claro, como muchos otros artistas han propuesto, los mitos deben romperse; los objetos y los espacios que habitamos pueden transformarse en experiencias con la inigualable capacidad de emancipar.