
Mientras todas las miradas están puestas en el futbol, vale la pena desviar por un momento la atención de las canchas hacia Wimbledon. Ahí, la estrella del tenis y referente de la moda Naomi Osaka volvió a acaparar titulares. No solo por su desempeño deportivo, sino también por una propuesta estética que reafirma su capacidad para unir Alta Costura y deporte.
Con 28 años, la tenista japonesa Naomi Osaka fue la primera jugadora asiática en alcanzar el puesto número uno del mundo en la clasificación individual. También fue la primera japonesa en conquistar un título individual de Grand Slam. Su trayectoria la ha consolidado como una de las figuras más relevantes del tenis contemporáneo.
Más allá de las pistas, Osaka se ha convertido en una voz influyente en favor de la justicia racial y la salud mental dentro del deporte. Ha protagonizado múltiples portadas de Vogue. También ha colaborado con marcas como Nike, Louis Vuitton y AMBUSH. Hoy es una de las atletas mejor pagadas del mundo. Además, es una de las figuras culturales más representativas de su generación por su talento deportivo y su impacto fuera de la cancha.

Para Osaka, la cancha es un escenario tanto para la moda como para el deporte. Ella misma ha explicado: “A veces la gente dice que los atletas forman parte del mundo del espectáculo o del entretenimiento. Para mí, las entradas a los torneos de Grand Slam son el único momento en el que realmente puedo sentirme como una artista”.
La tenista entiende la moda como un homenaje a sus predecesoras, Venus Williams y Serena Williams. Ambas marcaron una época al desafiar los códigos tradicionales del vestuario en el tenis. Para Osaka, vestir va mucho más allá de un patrocinio. Representa una forma de expresión personal y de construcción narrativa. Por ello, además de mantenerse fiel a su alianza con Nike, trabaja directamente con los diseñadores Kevin Germanier y Robert Wun.
Su estilo sigue una estructura constante. Cada aparición está compuesta por dos looks. Uno es funcional para competir. El otro es mucho más teatral y está pensado para la entrada y la salida de la cancha. Es como si fueran dos capítulos de una misma historia. Esa narrativa refleja tanto su compromiso con el tenis como su pasión por la moda. Quedó demostrado cuando cruzó el Atlántico para asistir a la Met Gala entre los torneos de Madrid y Roma.
Los estilismos recientes de Osaka construyen una secuencia conectada. Todo comenzó con el conjunto inspirado en una medusa durante el Australian Open. Después llegó el diseño de Alta Costura creado por Robert Wun para la Met Gala. Más tarde vistió la creación de lentejuelas doradas de Kevin Germanier, inspirada en la Torre Eiffel, para Roland Garros. También presentó un vestido personalizado de Nike con estampado de guepardo para el BNP Paribas Open. Finalmente llegó su propuesta más impactante hasta ahora: un conjunto completamente blanco inspirado en el kimono japonés para Wimbledon Championships.




Para este look, Osaka colaboró con la diseñadora tokiota Hana Osaka. Juntas desarrollaron un diseño exclusivo inspirado en la indumentaria ceremonial japonesa. La pieza principal para su entrada a la cancha fue un kimono blanco de largo completo. Estaba confeccionado con prendas ceremoniales antiguas reutilizadas. Entre ellas se encontraba el tradicional vestido de novia shiromuku.
El diseño incorporaba grullas bordadas, flores de cerezo y un gran lazo de larga caída. Los accesorios incluían un tradicional adorno para el cabello kanzashi y joyas de Mikimoto. Debajo del kimono, Osaka llevaba un vestido técnico blanco de Nike. La pieza estaba inspirada en el arte japonés del kirigami, la técnica de recorte de papel. También incorporaba motivos florales tridimensionales. Los delicados pliegues y las aplicaciones florales rendían homenaje a la emblemática iconografía floral de Wimbledon.

El estricto código de vestimenta completamente blanco de Wimbledon también influyó en el diseño. Su tradición llevó a Osaka a reflexionar sobre su propia herencia cultural. “No hace falta ver el color de un kimono para saber que es un kimono”, explicó. Ese principio creativo la impulsó a construir una narrativa a través de la silueta, en lugar del color. Otra de sus referencias fue el personaje interpretado por Lucy Liu en Kill Bill. En especial, el inolvidable kimono blanco que luce en la película.
El resultado trascendió el ámbito deportivo. El vestuario se convirtió en una auténtica puesta en escena dentro del tenis. De acuerdo con diversos reportes, el vestido de Nike se agotó pocas horas después de su lanzamiento. Ocurrió incluso antes de que Osaka lo revelara oficialmente durante Wimbledon.