La ética del después en Chicas Tristes

El debut de Fernanda Tovar llega a la 76ª edición de la Berlinale con una exploración rigurosa sobre la amistad femenina y la distancia entre discurso y experiencia tras un acto de violencia.

Chicas Tristes Fernanda Tovar

En la 76ª edición de la BerlinaleChicas Tristes se posicionó como una obra que entiende la adolescencia desde una dimensión estructural, casi filosófica. Desde el inicio, el debut de Fernanda Tovar evita la espectacularización del conflicto y, en cambio, concentra su energía en la transformación de un vínculo. Así, la película gira en torno a la reorganización afectiva que este provoca entre dos amigas que creían compartir el mismo horizonte ético.

Por un lado, Paula y La Maestra son nadadoras disciplinadas; su entrenamiento implica repetición, control y resistencia. Por otro, esa práctica constante delimita una forma de estar juntas y de entender el mundo. Sin embargo, cuando un incidente en una fiesta altera su equilibrio, la fractura comienza a manifestarse en la interpretación de lo ocurrido. De este modo, Tovar examina la distancia entre el discurso aprendido sobre la violencia y la experiencia íntima de quien la atraviesa. En consecuencia, la brecha no es abstracta, sino profundamente afectiva.

Además, el guion, desarrollado a lo largo de ocho años, revela un proceso de depuración conceptual. Según ha señalado la directora, la historia evolucionó con su propia biografía y, por lo tanto, se desplazó de una catarsis personal hacia una exploración más compleja sobre la amistad. A medida que el proyecto maduró, también lo hizo su enfoque narrativo. Por eso, la película desconfía de respuestas categóricas y privilegia la ambigüedad.

La película propone que la amistad en la adolescencia constituye una forma de amor elegida, intensa y vulnerable. En lugar de idealizarla, la somete a tensión. El resultado es un estudio sobre la negociación constante que implica compartir una experiencia límite. En el contexto de la Berlinale, plataforma que históricamente privilegia el cruce entre lo íntimo y lo político, Chicas Tristes dialoga con una tradición de cine que apuesta por la ambigüedad y la complejidad moral. Su potencia reside en esa capacidad de incomodar sin imponer una lectura única.