
Entrar al universo de Leonora Carrington implica aceptar que la lógica no es necesaria. En la Ciudad de México, su obra abandona el formato tradicional para convertirse en una experiencia física: un laberinto donde cada paso reconfigura la percepción y cada espacio parece responder más a la intuición que a la razón.
Instalada en el Centro de Artes Inmersivas, esta propuesta escultórica y multimedia plantea un recorrido que se vive en primera persona. Aquí, el espectador deja de observar a distancia para integrarse al relato. Las salas no se recorren de forma lineal: se atraviesan, se habitan, se interpretan.


Un recorrido entre lo simbólico y lo sensorial
A lo largo del trayecto, once esculturas monumentales emergen como presencias que parecen custodiar el espacio. Sus formas, híbridas, oníricas, casi rituales, dialogan con obra gráfica original, incluyendo grabados, litografías y objetos personales que amplían el entendimiento del universo creativo de Carrington.
La experiencia, de aproximadamente 45 minutos, está diseñada como un tránsito sensorial. La iluminación, las escalas alteradas y la disposición del espacio generan una sensación constante de extrañamiento: nada es completamente familiar, pero todo resulta extrañamente coherente. Es ahí donde reside su fuerza.
Más que explicar la obra de Carrington, Laberinto Mágico la traduce. La convierte en un entorno donde el tiempo se suspende, las proporciones se reinventan y la intuición toma el control. No hay una única lectura ni un recorrido correcto. Perderse forma parte de la experiencia.
Porque en el universo de Carrington, comprender nunca fue el objetivo. Sentirlo, sí.