LOLO Miscelánea Editorial y el valor contemporáneo del impreso

LOLO Miscelánea Editorial reflexiona sobre el valor del impreso, la curaduría y la comunidad como prácticas culturales contemporáneas.

A principios del siglo XX, un grupo de artistas en Montmartre puso en evidencia la fragilidad de los mecanismos que validan el arte y el gusto. Presentaron en el Salon des Indépendants una obra firmada por un supuesto pintor emergente, Raphaël Boronali, inscrito en un movimiento llamado excesivismo. La pintura fue celebrada, discutida y valorada económicamente. Más tarde se reveló la verdad: el autor era Lolo, un burro, con un pincel atado a la cola. El gesto ponía en cuestión al sistema que decide qué merece atención, legitimidad y circulación, más que a la pintura misma.

Esa historia opera hoy como punto de partida conceptual para LOLO Miscelánea Editorial, un proyecto que interroga, desde el presente, cómo se construye el criterio cultural y quién define lo que leemos, miramos y consumimos. Fundado por Daniel Mosqueda, economista de formación y editor por vocación, LOLO surge de una relación prolongada con el medio impreso, asumida como una práctica activa que articula edición, criterio y comunidad en el presente.

Antes de materializarse como espacio físico, LOLO existió como conversación. A través de contenidos digitales centrados en publicaciones de nicho, Mosqueda fue identificando una comunidad amplia y atenta, atravesada por una misma carencia: el acceso limitado a revistas independientes y especializadas en México. Ese intercambio fue tomando cuerpo hasta convertirse en un lugar tangible, donde leer implica detenerse, elegir y compartir.

Hoy, LOLO funciona como plataforma editorial, punto de encuentro y experiencia sensorial. Revistas, obra gráfica, vino, café y bocadillos conviven en un entorno que propone habitar el tiempo con intención. Lo que comenzó como la elección del puesto de revistas como formato no es anecdótico: remite a una tipología urbana profundamente mexicana, capaz de transformarse según su contexto y responder a la comunidad que lo rodea.

Esa lógica se amplía con la apertura de su segunda ubicación en la colonia San Rafael, en Miguel E. Schultz 146, extendiendo el proyecto hacia un nuevo tejido urbano sin perder su escala humana. Lo que sigue se adentra en las ideas que sostienen este gesto: la crítica a la distribución masiva, el impreso como objeto vivo y la construcción de comunidad como una práctica cultural sostenida.

¿Por qué la historia de Lolo, el burro del siglo XX, funciona como una metáfora contra la distribución masiva de publicaciones? ¿Encuentras paralelismos con el presente?

Existe un paralelismo casi irónico en la manera en que la sociedad ha otorgado poder a ciertos nombres y marcas para dictar patrones de consumo. Esa lógica, vigente hace más de un siglo, sigue operando hoy. Aunque el foco de influencia ha cambiado y ahora parece desplazarse hacia individuos, la realidad es que gran parte de lo que consumimos continúa siendo dirigido por unos pocos.

La historia de Lolo el burro, y la forma en que los artistas de su época utilizaron su figura para cuestionar el panorama cultural y mediático, nos sirve como punto de reflexión sobre el estado actual de los medios y la circulación de la información. En un contexto dominado por redes sociales, las preguntas siguen siendo las mismas: ¿quién decide lo que consumimos?, ¿cómo evitar caer únicamente en tendencias dictadas por la tecnología? Tal vez la respuesta siempre ha estado frente a nosotros, en los medios impresos.

Existen referentes como Casa Magazines en Nueva York, 0fr en París o Good News en Londres. ¿Dónde sitúas a LOLO frente a esos espacios?

Creo que el punto diferenciador de LOLO aparece justamente al hacer esa comparación. Haber visitado espacios similares en distintas ciudades me permitió notar una ausencia clara en la Ciudad de México. LOLO surge para ocupar ese vacío, ofreciendo acceso a contenidos curados que antes no estaban disponibles de forma constante para muchos aquí.

Un rasgo central del proyecto es su diálogo con el entorno. La decisión de ubicarlo en un puesto de revistas, tan característico del paisaje urbano, no fue arbitraria. Algo que siempre me ha parecido fascinante de estos puestos es cómo, siendo iguales en forma y materiales, se transforman según su contexto. Los que están cerca de templos, de oficinas públicas o de escuelas responden a comunidades distintas. LOLO se inserta en una comunidad creativa que ha acompañado el crecimiento del medio impreso.

¿Qué criterios guían la selección y curaduría de las revistas que se encuentran en LOLO?

Trabajamos con tres criterios muy claros. Las publicaciones deben ofrecer contenido de alta calidad, aportar algo relevante a la conversación dentro de su nicho y ser difíciles de encontrar en México. Pueden ser revistas independientes mexicanas o internacionales, pero siempre deben justificar su presencia en el espacio.

Nos interesa un rango amplio de temas que va de la moda y el arte a la cultura y el diseño, sin imponer límites rígidos. La curaduría está en constante expansión, abierta a nuevas voces y formatos. Entre mis favoritos personales están Suave y Luncheon. Suave es un gran ejemplo de la propuesta mexicana en moda y diseño; refleja creatividad, riesgo y una mirada contemporánea muy clara. Luncheon, por su parte, replantea el formato tradicional al reunir fotografía, ilustración, poesía, ensayo y entrevista alrededor de la mesa. Es una revista que lleva el medio impreso a una expresión editorial compleja y profundamente cuidada.

¿Cómo imaginas el futuro de las publicaciones independientes?

Me gusta pensar que las publicaciones independientes ocuparán un lugar cada vez más relevante en el discurso público. Hoy existe un interés creciente por abrir espacio a nuevas voces, algo visible en el auge de librerías independientes y comunidades editoriales más pequeñas pero comprometidas.

Las personas valoran la autenticidad. Cuando alguien se identifica con un proyecto editorial, se involucra con él y lo acompaña en su crecimiento. Veo el futuro del impreso independiente como una red de comunidades lectoras fieles, que crecen junto con las publicaciones y amplían el acceso a contenidos que realmente dialogan con sus intereses.