Marbella Club: Una cocina conectada con el entorno

Hay lugares donde la comida no solo alimenta, también enraíza. Donde los ingredientes crecen a pocos pasos de la mesa.

Fotografía Lorena Domínguez con iPhone Pro Max 16

En la Costa del Sol, Marbella Club ha convertido su propuesta culinaria en un diálogo constante con el entorno. No se trata de inventar nada nuevo, sino de volver a lo esencial: cultivar, cosechar, compartir.

La Finca Ana María es el corazón vivo de esta visión. Integrada al paisaje como si siempre hubiera estado ahí, se extiende entre jardines, naranjos y senderos que huelen a lavanda. No es un huerto decorativo, es un ecosistema activo. De ahí salen más de trescientas variedades de frutas, verduras y hierbas que marcan el ritmo de la cocina del hotel. En ese terreno, lo que se come se entiende. Hay temporada, hay origen, hay intención.

SustainTable surge como una forma de celebrar ese ciclo. No es solo un evento, es una serie de encuentros íntimos donde la tierra y la mesa comparten protagonismo. Chefs invitados trabajan junto a Andrés Ruiz, el chef residente, creando menús inspirados en los sabores que la finca ofrece en ese momento. Cada cena tiene un propósito claro: rendir homenaje al producto, al productor, al momento del año. Y lo recaudado apoya la labor de la Fundación Arboretum, que cuida la biodiversidad local como quien protege un legado.

La cocina también se abre en otras formas. El nuevo obrador artesanal transforma la mañana en un ritual pausado. Panes tibios, dulces con fruta de estación y café. Todo ocurre a la vista: no hay misterio a través de manos que van trabajando sin ninguna prisa. En El Olivar Lab, cada cáscara, cada excedente se convierte en algo más: mermeladas, fermentos, encurtidos. Nada se desperdicia y todo encuentra su lugar.

En El Olivar, el restaurante que ahora respira al ritmo de la Finca Ana María, el menú cambia cada día ya que el suelo lo dicta. Se cocina con lo que hay y con lo que toca. El ambiente que está rodeado de jazmines, cerca de una piscina hace que la comida se sienta como una extensión natural del lugar.

Fotografía Lorena Domínguez con iPhone Pro Max 16

Y también están las experiencias que no buscan sorprender, sino conectar. Degustaciones privadas, recolección de ingredientes, charlas sobre tomates que no sabías que existían. Todo con la tierra como punto de partida. Incluso el vino encuentra su espacio propio en La Concha Conversations, un ciclo de encuentros guiado por uno de los mejores sommeliers del país, donde cada botella abre una historia.

Para más información visita: https://www.marbellaclub.com/es