
Al hacer hairstyling de forma profesional, la técnica importa, pero la sensibilidad decide el resultado. Matthew Collins lo entendió antes de construir una carrera de más de 17 años en la industria, antes de convertirse en Global Styling Brand Ambassador de Dyson y antes de trabajar con nombres como Kristen Bell, Mandy Moore, Nina Dobrev, Suki Waterhouse y Rhea Seehorn. Empezó cortándose el pelo a los 12 años y, después, cortando el de sus amigos. Con el tiempo, esa relación casi instintiva con el pelo se encontró con una formación más tradicional, marcada por técnicas clásicas, estilistas italianos y, más adelante, por lenguajes avant-garde.
Para Matthew Collins, peinar nunca ha sido una demostración de ego. Esa filosofía atraviesa su trabajo con celebridades, editoriales, alfombras rojas y backstage: entender la energía de cada persona, leer el momento y construir un look que dialogue con la imagen, pero también con el estado emocional de quien lo lleva.
En esta conversación, Collins habla sobre la evolución del hairstyling, el poder psicológico de un buen pelo, las tendencias que vienen, los errores más comunes al peinarse en casa y la tecnología detrás de Dyson, una marca que, desde la ingeniería, ha cambiado la manera en que profesionales y usuarios cotidianos se acercan al styling.

Con más de 17 años de experiencia en la industria, ¿cómo ha evolucionado tu enfoque hacia el hairstyling y qué sigue inspirándote hoy?
Bueno, si miro hacia atrás, la primera vez que corté pelo fue el mío, a los 12 años. Y eso fue mucho antes de esos 17 años en la industria. Después empecé a cortar el cabello de mis amigos solo por diversión. Nunca pensé que me convertiría en estilista.
En ese momento no tenía técnica, no sabía realmente qué estaba haciendo, pero sentía el cabello. Sentía cómo se movía, cómo reaccionaba. Y creo que fui muy afortunado de empezar así, porque no estaba pensando en reglas o en “tengo que hacer esto para lograr esta forma”, simplemente lo entendía de manera intuitiva.
Luego, en el primer salón en el que trabajé, estuve rodeado de estilistas muy tradicionales, muchos italianos, que estaban enfocados en técnicas clásicas y peinados tradicionales. Y eso fue una gran base, porque todo lo que hacemos hoy, incluso lo moderno, viene de lo tradicional.
Más adelante también trabajé con estilistas mucho más avant-garde. A veces no me gustaba la estética de lo que hacían, pero la técnica era impecable. Era más una demostración técnica que algo comercial. Y eso me hizo pensar: ¿cómo puedo usar esas técnicas para crear algo que la gente realmente quiera usar?
Desde el inicio, mi prioridad nunca fue mostrar mi talento, sino hacer que la persona en mi silla se sintiera lo más hermosa posible ese día.
¿Cómo influyó tu historia personal en esa forma de ver el peinado?
Mi mamá fue quien me convenció de empezar a trabajar en un salón. Era ama de casa con cinco hijos, y lo único que realmente le daba alegría fuera de su familia era arreglarse el cabello.
Y eso influía completamente en su estado de ánimo. Si tenía un “bad hair day”, salía y trataba peor a la gente porque no se sentía bien consigo misma. Me parecía fascinante ver ese impacto. Y yo también era así. Por eso empecé a cortarme el cabello desde los 12 años, porque me hacía sentir bien.
Mi papá me decía: “Puedo pagar para que vayas por un corte una vez al mes, pero si quieres hacerlo más seguido, aprende tú mismo”. Y así empecé. Es impresionante cómo un buen o mal cabello puede afectar tanto tu día. No es racional, pero pasa.
Los que tenemos el pelo rizado tenemos una ventaja sobre el resto, parece que si puedes domar los rizos puedes hacer cualquier cosa…
Sí. Si sabes trabajar con cabello rizado, puedes trabajar con casi cualquier textura. Yo crecí en una familia con muchas texturas diferentes. Eso te obliga a aprender. También creo que muchas personas nunca han aceptado su cabello natural. Hoy vemos gente de 30 o 40 años que apenas está descubriendo su cabello rizado.
Incluso para mí, como estilista, sigue siendo un proceso. Tuve el cabello largo por muchos años y cuando lo corté, me tomó meses entender cómo reaccionaba. Al final, trabajar con lo que tienes siempre va a ser mejor que intentar cambiarlo completamente.
Has trabajado con celebridades como Kristen Bell y Mandy Moore. ¿Cómo adaptas tu estilo a distintas personalidades y momentos, como una alfombra roja frente a una sesión editorial?
Fue interesante, porque durante mucho tiempo trabajé en editorial con modelos, y pasar de eso a trabajar con celebridades en ese mismo contexto es completamente distinto. Cuando trabajas con una modelo en un editorial, el director creativo, la revista o el fotógrafo definen exactamente el look, y tú simplemente lo ejecutas. Ni siquiera es una conversación; ese es el estilo para el que fue contratada y punto.
Pero cuando empecé a trabajar con celebridades en editoriales, me di cuenta de que no funciona así. Sí, puede haber una dirección creativa, pero si la celebridad no quiere ese look, no se va a hacer. Entonces tienes que encontrar un punto medio entre lo que quiere el equipo creativo y lo que realmente está dispuesta a llevar la persona. Es mucho más colaborativo.
Y luego, cuando pasas a alfombras rojas o eventos, es todavía otra dinámica. Mucha gente piensa que trabajar con celebridades es algo súper glamuroso, y sí, tiene momentos así, pero también implica dejar el ego completamente de lado. En un salón, por ejemplo, tu cliente llega, te ha esperado meses, confía en ti, eres parte importante de su día. En cambio, cuando trabajas con una celebridad, muchas veces estás con ella en uno de los momentos más estresantes de su vida.
Existe la idea de que las actrices o figuras públicas son súper seguras de sí mismas, pero no necesariamente. Están a punto de salir a un escenario, dar entrevistas, asistir a una premiación o hacer una sesión donde saben que todo será observado y criticado. Nosotros estamos con ellas justo antes de eso, en un momento de mucha presión, y tienes que saber leer la energía.
Y ahí es donde realmente está la diferencia, no es tanto el talento técnico, porque la mayoría de los estilistas a ese nivel son muy buenos, sino cómo conectas con la persona. Hay celebridades que quieren a alguien muy energético que las distraiga, que levante el ánimo; y hay otras que necesitan todo lo contrario, alguien más tranquilo que baje la intensidad del ambiente. Tu energía como profesional es lo que define esa relación.
También algo que aprendes es que incluso algunas de las personas más hermosas del mundo son muy sensibles con su imagen, especialmente con su cabello. Desde fuera puedes pensar “te ves perfecta, ¿qué te preocupa?”, pero están expuestas a una crítica constante.
Si alguien en la calle te hace un comentario negativo, probablemente te quedas pensando en eso por días. Ahora imagina recibir miles de comentarios así. Y sí, los leen. Ven lo que se dice en redes, y eso genera presión, inseguridad, nervios.
Además, muchas de las celebridades con las que he trabajado nunca buscaron “ser celebridades” como tal. Querían ser buenas actrices, construir una carrera sólida. La fama viene como consecuencia de hacer bien su trabajo, pero también implica una exposición que tienen que aprender a manejar.
Y algo curioso es que mucha gente asume que, por estar frente a cámaras, son excelentes hablando en público, pero no necesariamente. Actuar en un set es muy distinto a estar en un escenario frente a cientos de personas o en una alfombra roja respondiendo preguntas en vivo. Son habilidades completamente diferentes.
Como Global Styling Brand Ambassador de Dyson, ¿qué diferencia a sus herramientas dentro del universo profesional del hairstyling?
Creo que lo que realmente diferencia a Dyson es su enfoque creativo desde la ingeniería. Cuando entraron al mundo del cabello, no lo hicieron como una marca tradicional de belleza, sino como una empresa de ingeniería que decidió entender el pelo desde cero. Invirtieron años en investigación antes de lanzar su primer producto, estudiando cómo funciona el cabello, cómo reacciona al calor y al aire, y cuáles son los problemas reales que enfrentan las personas.
Ellos siempre dicen que no están aquí para hacer lo mismo que ya existe, sino para resolver problemas que nadie más ha abordado. Y eso cambia completamente la mentalidad. Muchas marcas piensan: “Nuestro producto funciona, no hay que cambiarlo”, pero Dyson cuestiona todo: “¿por qué tiene que ser así?”. Ese enfoque es lo que impulsa su innovación.
También hay una cultura muy fuerte de perfeccionamiento constante. No se trata de hacer pequeños ajustes, sino de replantear completamente los productos hasta que realmente funcionen mejor. Esa paciencia y ese nivel de exigencia se reflejan en toda la compañía.
Yo lo veo cuando trabajo con sus equipos en el Reino Unido: los ingenieros no buscan validación, buscan crítica. Quieren saber qué se puede mejorar y cómo hacerlo. Escuchan tanto a estilistas como a consumidores, y usan esa información para evolucionar continuamente sus herramientas.
Por eso productos como el Airwrap o sus secadoras no se quedan iguales; se actualizan, se refinan, se perfeccionan. No se trata solo de beneficios o marketing, sino de crear herramientas que realmente solucionen problemas y mejoren la experiencia tanto para profesionales como para personas en casa.
Y creo que eso es lo que me da confianza en la marca: sabes que no se van a conformar, que siempre están buscando hacerlo mejor.
A partir de tu experiencia en backstage y pasarela, ¿qué tendencias de pelo ves dominando esta temporada?
Creo que algo muy interesante de esta temporada es que, a diferencia de hace unos años, ya no hay una sola tendencia dominante. Antes, cada temporada tenía una dirección muy clara que todos seguían, pero ahora estamos viendo una especie de libertad total, donde lo más importante es la individualidad. Cada persona está eligiendo lo que le hace sentir bien, y eso se ha vuelto la verdadera tendencia.
También estamos viendo que en la moda la ropa está tomando mucho protagonismo, y cuando eso pasa, el cabello suele volverse un poco más sencillo para equilibrar el look. Por eso, creo que nos estamos moviendo hacia estilos más naturales, menos estructurados, pero con un enfoque mucho más fuerte en la salud del cabello.
Antes, el enfoque era más simple: usar uno o dos productos y estilizar con calor sin pensar demasiado en el daño. Ahora, el cabello se está tratando más como el skincare. Hay una rutina más completa: cremas, aceites, productos de preparación. Todo pensado para cuidar el cabello desde la base, no solo para estilizarlo.
En cuanto a estilos, estamos viendo mucho brillo, cabello con apariencia saludable, ondas naturales y texturas que se sienten reales. También siguen presentes los looks más pulidos con herramientas de calor, pero con un acabado más suave y moderno, no tan rígido. Los blowouts siguen siendo importantes, pero más relajados, más “bonitos” que excesivamente producidos.
Y algo que me gusta mucho es el regreso de los recogidos. Están volviendo los peinados hacia arriba, con inspiración un poco vintage, pero adaptados a algo más actual, con textura y movimiento, no tan perfectos.
En general, la clave es tratar el cabello como cuidas tu piel: invertir en su salud para que, sin importar qué hagas ese día, siempre se vea bien. Cuando el cabello está sano, no necesitas sobrecargarlo de productos ni complicarte demasiado; el resultado se ve bien de forma natural.
¿Cuál dirías que es el error más común que cometen las personas al peinarse en casa?
Creo que el error más común es sobrecomplicarlo. Muchas personas piensan que tienen que hacer algo muy elaborado o perfecto, cuando en realidad eso termina jugando en su contra. Por ejemplo, suelen empezar por la parte de atrás del cabello e intentan hacerlo todo perfectamente desde el inicio, pero cuando llegan a la parte de enfrente ya están cansadas, con calor, frustradas y solo quieren terminar rápido.
Y la realidad es que la parte más importante es la de enfrente, porque es lo que todo el mundo ve. Entonces yo siempre recomiendo trabajar la parte de atrás de forma más rápida y eficiente, sin obsesionarte demasiado, y guardar tu energía y tu tiempo para la parte frontal. Ahí sí vale la pena ir con más detalle y precisión, porque es lo que realmente define el resultado final del look.
Además, la parte de atrás ni siquiera la ves tú, así que no tiene sentido dedicarle toda tu atención. Incluso si no queda perfecta, no cambia tanto el resultado general, mientras que un buen acabado al frente puede transformar completamente el estilo. Obviamente, si tienes el cabello muy rizado o con mucha textura, sí necesitas trabajar bien todas las secciones, pero aun así el enfoque sigue siendo el mismo: priorizar estratégicamente.
Otro error muy común es no seccionar el cabello correctamente. Muchas personas toman mechones al azar y empiezan a trabajar sin orden, y eso hace que el resultado sea inconsistente. Lo ideal es dividir el cabello de forma limpia, por secciones, trabajando de manera organizada. Por ejemplo, separar ambos lados de la cabeza y, al trabajar la parte de atrás, soltar solo pequeñas secciones a la vez, hacer unas pocas ondas o rizos y luego continuar con la siguiente sección.
Pensarlo como un mapa ayuda mucho: saber exactamente por dónde empiezas, cómo avanzas y dónde terminas. Esto no solo mejora el resultado, también hace el proceso mucho más fácil y menos estresante.
También es útil seccionar porque en la vida real siempre hay interrupciones. Si tienes que detenerte a mitad del proceso, sabes exactamente dónde te quedaste y puedes continuar sin problema. Cuando trabajas de forma desordenada, todo se mezcla y es muy fácil repetir secciones o dañar el cabello sin darte cuenta.
Incluso volver a tomar la misma sección varias veces puede generar más daño del necesario, especialmente si usas calor. No es algo dramático en una sola ocasión, pero sí suma con el tiempo, por eso es mejor ser organizado desde el inicio.
En general, la clave es simplificar: no intentar hacerlo perfecto todo el tiempo, trabajar con orden y enfocarte en lo que realmente hace la diferencia en el resultado final.
Para alguien que busca lograr un look diario pulido pero natural, ¿qué rutina o productos recomendarías incorporar?
Creo que todo empieza con una buena base. Lo primero que recomendaría es usar algún tipo de crema de peinado que ayude con la humedad y que aporte control, porque eso es lo que realmente define cómo se va a comportar el cabello durante el día. Personalmente, me gustan mucho las cremas de Dyson. Son productos que ya he probado y funcionan muy bien.
Lo interesante es que no es un solo producto universal, sino que existen distintas versiones según el tipo de cabello: más ligeras, más ricas, para cabello lacio, rizado o más denso. Eso es importante porque no todo el cabello necesita lo mismo, y elegir la textura correcta hace una gran diferencia en el resultado final.
Además, el formato del producto ayuda mucho a la consistencia. Viene en un sistema dosificador que te permite usar exactamente la misma cantidad cada vez. Puede parecer un detalle pequeño, pero en realidad cambia mucho, porque muchas veces haces la misma rutina dos días seguidos y obtienes resultados distintos simplemente porque usaste más o menos producto sin darte cuenta. Tener ese control te permite replicar el resultado con mucha más precisión.
A partir de ahí, ya puedes estilizar el cabello según el look que quieras lograr. Si buscas más volumen, puedes añadir un mousse volumizante o algún producto que ayude a levantar la raíz. La idea es construir desde la base, no saturar el cabello desde el inicio.
Al terminar, me gusta usar un aceite ligero, como el aceite hidratante Dyson Omega. Es un producto muy rico en nutrición, pero a la vez bastante ligero, lo que permite aportar brillo y suavidad sin que el cabello se vea pesado o grasoso. Ese tipo de acabado es clave si quieres un look pulido pero natural.
En general, creo que las cremas y los aceites son fundamentales dentro de una rutina, porque trabajan tanto en la apariencia como en la salud del cabello. Y ya para finalizar, recomendaría un spray fijador, pero preferiblemente uno seco.
Una forma sencilla de identificarlo es rociarlo en el aire: si las partículas se dispersan y desaparecen rápido, es un spray seco; si caen y se sienten más húmedas, es un spray más pesado. El spray seco es ideal para fijar el peinado al final sin que se sienta rígido, y además te permite corregir si te equivocas, porque no deja el cabello completamente “congelado”.
Y justo algo importante con el spray es la distancia. Muchas personas lo aplican demasiado cerca, y eso hace que el cabello se vea duro o “crujiente”, que es justo lo que no queremos. Lo ideal es aplicarlo a una distancia de aproximadamente el largo del brazo, o al menos a media distancia, para que el producto se distribuya de manera uniforme y ligera.
Al final, se trata de construir una rutina simple pero bien pensada, donde cada producto tenga una función clara y donde el objetivo principal sea mantener el cabello sano, porque cuando el cabello está saludable, cualquier estilo se ve mejor de forma natural.
¿Qué es lo que más te emociona de la nueva Dyson Airwrap Co-anda 2x y cómo crees que cambiará la manera en que tanto profesionales como usuarios cotidianos se acercan al styling?
Creo que, especialmente para quienes tienen el cabello más grueso, el flujo de aire mucho más potente va a ayudar a trabajar muchas más texturas. Eso lo vuelve una herramienta mucho más versátil, y para mí eso es de lo más interesante.
También está todo el tema de la conectividad, que me parece increíble. Mucha gente usa una herramienta una vez y dice “no me duró el peinado”, pero casi siempre hay una razón. Muchas veces es porque no dejaron el calor el tiempo suficiente, y eso pasa porque existe ese miedo constante a dañar el cabello. Con una herramienta tradicional, la idea es trabajar rápido para no quemarlo. Pero con el Airwrap es diferente: podrías dejarlo más tiempo en una sección y no vas a dañar el cabello, y eso cambia completamente la forma de usarlo.
Por ejemplo, como punto de partida, puedes trabajar unos 10 segundos con calor y luego unos segundos de aire frío. Y lo mejor es que todo esto se puede automatizar. Con la aplicación puedes ajustar el proceso según tu nivel y el tipo de cabello, y la herramienta hace el ciclo por ti: pasa por calor, luego enfría y termina en el punto ideal. Después puedes simplemente volver a presionar el botón y repetir exactamente el mismo proceso en cada sección. Eso hace que el resultado sea mucho más consistente.
Y creo que eso le quita mucho trabajo mental al proceso. Hay personas que son muy buenas estilizando su propio cabello, pero muchas otras no, y esta herramienta funciona para ambos casos. Puede ser muy precisa para alguien con experiencia, pero también es muy intuitiva para alguien que no sabe por dónde empezar.
Además, encaja muy bien con la vida diaria. Puedes estar escuchando un podcast, por ejemplo, y no tienes que estar pensando en tiempos o en qué sigue, porque la herramienta lo hace por ti. No es ruidosa, así que puedes seguir en lo tuyo mientras te arreglas, y eso la hace mucho más práctica.
Y en cuanto a lo profesional versus lo personal, creo que algo importante es que ya no hay tanta diferencia como antes. Tradicionalmente, las herramientas de salón eran completamente distintas a las de uso en casa; incluso necesitabas licencia para acceder a ellas. Ahora, la tecnología base es prácticamente la misma. La diferencia suele estar en detalles como el cable o ciertos ajustes, pero el rendimiento es equivalente.
Eso también responde a cómo ha cambiado la vida de las personas. Ya no todo el mundo tiene tiempo de ir constantemente al salón; muchos trabajan desde casa, tienen otros ritmos. Entonces, el objetivo es llevar esa calidad profesional al entorno diario, hacerla accesible. Y creo que ahí es donde realmente está el cambio: en darle a la gente herramientas con resultados de salón, pero pensadas para su vida real.