
En el Festival de Cine de Venecia, dentro del programa Giornate degli Autori, Miu Miu Women’s Tales regresó. Esta vez fue con sus capítulos 29 y 30. Autobiografia di una Borsetta, de Joanna Hogg, y Fragments for Venus, el debut de Alice Diop en la serie. Ambos se desarrollaron como gestos de memoria y reparación, recordatorios de cómo el cine puede tanto preservar como reinventar la mirada.
Hogg, con su delicadeza autobiográfica, transforma el bolso en un archivo. Un recipiente íntimo del tiempo, de lo que se guarda y de lo que se pierde. Diop, en contraste, se dirige al museo y a las calles de Brooklyn. Una historia que entrelaza Voyage of the Sable Venus de Robin Coste Lewis y una meditación sobre cómo los cuerpos de las mujeres negras han sido vistos, catalogados o borrados a lo largo de la historia. Su película avanza con calma precisa, y sin embargo, su quietud es radical. Todo un tributo, un ajuste de cuentas y, en última instancia, una celebración de la presencia.


Cine vestido de libertad
Las proyecciones fueron seguidas por una cena en Ca’ Corner della Regina, donde cine, arte y moda compartieron la misma mesa. Entre los invitados: Willem Dafoe, Alexa Chung, Jude Law, Maggie Gyllenhaal, Emily Blunt, Céline Sciamma, Amanda Seyfried y Christopher Abbott. Nombres que, reunidos, parecían menos una lista de invitados que un elenco armado por la propia Venecia.
Lanzado en 2011, Women’s Tales se ha convertido en la plataforma de cortometrajes liderados por mujeres con mayor trayectoria. A lo largo de quince años y treinta episodios, ha abierto un espacio para que directoras creen sin límites; donde la ropa no es disfraz, sino personaje, y donde las historias se mueven a través de continentes y generaciones.
Esa noche en Venecia no se trató solo de estrenos; se trató de impulso. De la moda encontrándose con el cine en movimiento, de las narrativas femeninas ampliando sus posibilidades, y de Miu Miu dándoles un escenario donde la imaginación sigue desplegándose.