
La mirada, inconteniblemente, siempre termina enfocada a lo que aparece delante, de inmediato. Sin embargo, con un poco más de tiempo, saliendo del scroll infinito nos podemos encontrar con obras de arte capaces de despertar las emociones humanas más profundas. Desde surrealismo dramático de Shanghái; la poesía lírica y visual francesa; la vida en los márgenes de Cuba o los salones de baile queer en Nueva York; las historias, sin importar su origen, son el motor principal en el acto de sobrevivir al tiempo inclemente. Aquí dejamos 10 recomendaciones fuera del mainstream que puedes encontrar en MUBI.
Sombras en el Paraíso, 1986 – Aki Kaurismäki
Antes de que Ojas de otoño (2023) cautivara audiencias internacionalmente, Aki Kaurismäki ya nos había presentado su visión sobre el amor terco y difícil. Esta primera entrega del director finlandés en su “trilogía del proletariado” es el ejemplo perfecto de que menos es más. Con apenas 74 minutos, actuaciones secas que inspiran al estilo de Yorgos Lanthimos y una paleta de colores fría con sobresaltos de rojo, Sombras en el Paraíso encuentra su cautivante expresión en la cotidianeidad del trabajo de 9 a 5. En este frío nórdico, arquitectura reflejo de la Guerra Fría y una vida laboral pulverizante, el amor encuentra su camino entre las grietas de la soledad.

Silvia Prieto, 1999 – Martin Rejtman
En la crisis de sus 20, Silvia Prieto trata de encontrarse, literalmente, al descubrir la existencia de otras “Silvias Prieto” en Argentina. Entre teléfonos estacionarios y cafés anticuados, Silvia comienza a buscar su identidad y se da cuenta que eso que ella buscaba es algo compartido, algo más grande. Con este humor tan singular en Latinoamérica, Martin Rejtman se dispone a responder la pregunta: ¿qué somos cuando nos vemos en todas partes?

Mishima: Una vida en cuatro capítulos, 1985 – Paul Schrader
Ken Ogata interpreta magistralmente a uno de los pilares culturales del Japón posguerra en esta suerte de experimentación biográfica hecha cine. Aquí, Paul Schrader recurre a todas sus habilidades literarias y fílmicas para mostrar un hito en el recuento de una vida. Fracturado entre su vida y su obra, este largometraje carece de cualquier tipo de ataduras. Yukio Mishima, con su ideología estridente, disciplina inalcanzable y liricismo profundamente personal, se muestra con todas sus fallas y aciertos. La vida de un hombre que vivió balanceándose al límite del despeñadero y que terminó cayendo cuando todo lo demás quedaba corto.

Suzhou River, 2000 – Lou Ye
En estre retrato audiovisual de los excluidos urbanos, Lou Ye se pregunta: ¿dónde está esa masa en el pecho que un día estuvo ahí y desapareció? Entre la mimesis, el sueño y el recuerdo, la vida en el río de Suzhou, en Shanghái, es la visualización de todo lo que los más rápidos dejaron atrás. Esta historia de amor, velada por una desconexión social al espacio-tiempo de la China industrial, es la demostración perfecta de que el ser no puede estar completo en las sombras, y que la compañía, incluso entre mitos invisibles, será siempre necesaria. Salpicada de la investidura de Wong Kar-Wai, Suzhou River es la demostración onírica de lo que la búsqueda puede encontrar.

Noche y Niebla, 1956 – Alain Resnais
¿Cómo funciona el arte cuando la tragedia supera cualquier forma de expresión? ¿qué se puede decir? Muchos autores se han cuestionado lo mismo. Desde Kurt Vonnegut hasta Ray Bradbury, la mirada en dirección a las moronas que quedaron de lo atroz resulta fútil. En este cortometraje documental, Resnais, junto al guion de Chris Marker (ribera izquierda de la nouvelle vague); hace una reflexión cruda sobre el tiempo y el espacio de los campos de concentración alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Tan solo 10 años después, Resnais llega a este abismo en donde la tierra sigue siendo fértil, pero la historia queda ubicua en la eternidad.

…A Valparaíso, 1963 – Joris Ivens
El destino de un pueblo obligado a vivir hacia arriba, subiendo y bajando por las escaleras que llevan al mar y hacia ninguna parte. Esa es la existencia de Valparaíso. Azotada por el mismo relato latinoamericano de tortura y saqueo, esta ciudad chilena ha emprendido un viaje con la historia que no se puede deshacer. Aquí, en esta masa portuaria, la cultura se ha adaptado al aire tempestuoso, a los elevadores que parten la vida a la mitad, a una vida en vertical. Con una mirada poética, Ivens y de nuevo Chris Marker, crean un relato tierno, lleno de cariño, sobre el intento humano por domeñar la tierra.

Meeting the Man: James Baldwin in Paris, 1970 – Terence Dixon
Disruptivo, firme, indeleble; así es James Baldwin, así se camina, en los años 60, por las calles de París. En una mente como un universo, Baldwin deja traslucir, si al menos un poco, la profundidad de su intelecto. En este ejercicio, el grupo de cineastas que llega a conocer al hombre que tanto había dicho, se encuentran con una pared apenas penetrable de ideales y pensamiento político. No todo sale como lo planeado, pues el escritor, de la misma manera en la que fue forjado, decide cuestionarse la actividad misma de ser entrevistado. Meeting the Man no es lo que se proponía ser. Queda tal vez, frente a la vista de Dixon, como un proyecto inconcluso; sin embargo, la mera presencia de Baldwin lo convierte en un archivo irremplazable del pensamiento en el siglo XX.

Buena Vista Social Club, 1999 – Wim Wenders
Después del olvido no hay nada, todo lo que queda de ahí está en el pasado. Wim Wenders y Ry Cooder se proponen romper ese círculo funesto de la vida y devolver a un grupo de músicos cubanos las horas perdidas. En su ejercicio documental mejor recibido, Wenders descarga con sutileza, su versión de La Habana en Cuba. Una Habana que ha de olvidar como método de sobrevivencia. Una Habana castigada, maltrecha, perdida en el tiempo. Que envejece tan rápido como se ve en pantalla. Este pueblo aún mantiene los ecos de la música de ayer. En algún lugar inhóspito de esta Habana, lo que algún día fue el Buena Vista Social Club, sigue resonando, entre cuatro paredes, todas blancas, al son del danzón cubano y los claqueteos de los tacones con el suelo.

La Jeteé, 1962 – Chris Marker
Entre voz en off, fotografía estática y un guion de una virtuosidad lírica exclusiva de Chris Marker, La Jetée se establece como un experimento fílmico como pocos lo han sido. En tan solo 28 minutos, esta novela fotográfica se embalsama de recuerdos recobrados en medio del apocalipsis tras la Tercera Guerra Mundial. En esta vida de futuro perdido, los científicos no pueden más que buscar en el pasado. Las memorias regresan, se manipulan, reviven y vuelven a su lugar. Esta retrospectiva no puede más que nacer de las cenizas de la guerra, del dolor universal y sufrimiento compartido. Chris Marker y su pluma interminable tratan de comprender la importancia del recuerdo como desarrollo del futuro. Con lentes pintados de odio e intolerancia, se vuelve indiscutible el valor del pasado, aunque este sea difuso y apenas perceptible. “Nada distingue los recuerdos de los momentos corrientes. Es hasta más tarde que se descubren, por sus cicatrices”.

Paris is Burning, 1990 – Jennie Livingston
La fama, de Harlem al Bronx, no tiene antónimo. En Paris is Burning la vida es doble; la una, de plumas, vestidos aperlados y lentejuelas; la otra, de status quo y sobrevivencia. En esta comunidad, creadora de la lingüística queer, las historias son interminables y al mismo tiempo son una sola. Los “salones de baile” hacen las veces de refugio y vida permanente. En este hogar que se mantiene a los márgenes, la materia se vuelve expresión y dignidad al movimiento del vogue, el estilo drag y la poderosa firmeza de las mujeres trans. La perspectiva de Livingston en este documental, la traza su lente, con imágenes tan íntimas como antropológicas. En el Nueva York de los años 80 con los trajes de ejecutivo se ponían máscaras para perderlas con los disfraces seda y cashmere.

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