
Como un grito, como un reclamo, como un llamado, el Museo de Arte Transfemenino (MAT) nace desde una necesidad para la preservación y exploración del arte que les pertenece a las mujeres trans de México. Desde sus inicios en 2022, este proyecto ha crecido como una plataforma de investigación, archivo y colaboración. Desde el MAT se confrontan las narrativas históricas y culturales que durante décadas han invisibilizado las contribuciones de estas artistas.
El proyecto tiene sus cimientos en Ciudad Juárez, cuando la curadora y artista Rojo Génesis exploró el trabajo de Deborah Álvarez, una figura histórica del arte y la lucha trans en la frontera norte. Este encuentro dio origen a Plasticidades Encarnadas, una serie curatorial dedicada a rastrear la producción artística de mujeres trans desde los años setenta, una época marcada por la persecución estatal hacia quienes eran denominadas “vestidas” y “cuinas”.
Plasticidades Encarnadas sentó las bases para un diálogo entre generaciones, esencial para visibilizar las prácticas artísticas y la memoria de las mujeres trans. Este esfuerzo culminó en la participación de Sofía Moreno, una artista translatina y curadora, que migró a Estados Unidos en los años 90 debido a la violencia narcopolítica. Su experiencia y colaboración inspiraron a Rojo Génesis a fundar un museo que explorara más que el pasado. Desde el MAT se problematiza el presente y se proyecta un futuro.
En una charla exclusiva para M Revista de Milenio, una representante del MAT, cuenta sobre la importancia de las actividades del museo y su relevancia en el espacio artístico de América Latina.

¿Qué papel creen que juega el museo en el contexto cultural y social actual de México?
El papel del espacio es crucial para entender el contexto actual de mujeres trans en relación al arte. Históricamente había un tratamiento y uso constante de la estética y lenguaje de mujeres trans, sin embargo tras conversaciones entre nosotras, llegábamos siempre a la conclusión que la moneda de cambio regularmente era la «visibilidad», lo que resultaba insuficiente. En este sentido, crear un espacio para socializar los medios de producción en el arte y cultura, que además partiera de procesos de investigación y archivo desde nosotras, fue crucial. Esto, además aunado al contexto actual del transfeminicidio que ha ido en aumento y la mediatización de la violencia hacia nosotras. Ahora más que nunca, es importante crear un espacio seguro y colaborativo.

¿Cuál es el proceso para seleccionar a las artistas y las obras que forman parte de la colección del museo?
Más que un proceso de selección, es un proceso de investigación que, a la par, ha ido transformando el proyecto en una plataforma abierta. A medida que avanzamos en las distintas fases, nos hemos acercado a otras chicas o ellas mismas se han acercado a nosotras. Nuestro trabajo consiste en ir más allá de lo que nos rodea y de lo que la historia y el activismo oficial trans nos cuentan. Entonces conectar con otras compañeras es crucial para hacer crecer este proyecto. Los vínculos personales y orgánicos han sido, son y serán esenciales.
¿Cuáles fueron los mayores desafíos que enfrentaron al establecer este museo y cómo los superaron?
Fue lo que históricamente hemos atravesado las mujeres trans, el acceso económico. Iniciar un museo físico implicó un trabajo muy amplio y comenzamos desde cero, con recursos totalmente autogestivos. En el contexto del arte contemporáneo, hay apertura para recibir proyectos que aborden temas trans, pero aún existe resistencia hacia las propias mujeres trans liderando iniciativas dentro de este ámbito. Además, al ser un proyecto pionero, estamos expuestas a violencia. Desde el primer reportaje que se hizo sobre nosotras, hemos recibido amenazas, especialmente en un momento en que acciones públicas de mujeres trans han despertado un pánico moral. Este entorno nos ha retado, pero también nos impulsa a seguir adelante.


¿Han colaborado con otras instituciones culturales, colectivos artísticos o activistas? ¿Cómo han enriquecido estas alianzas al museo?
Sí, el proyecto se ha sostenido gracias a muchas colaboraciones. En primer lugar, con mujeres trans históricas que, como decimos nosotras, son ‘una institución andando’. En términos oficiales, hemos trabajado con colectivos de mujeres trans y personas LGBIQ+ activistas, como Eucalipto 20, Mariposas Negras, Deuda Histórica, AMETS y FLUX Archivo de la Memoria Trans México. A nivel internacional, hemos colaborado con Archivo Trans Argentina y el International Trans Fund.
Actualmente, estamos colaborando con el Museo Universitario del Chopo para una retrospectiva de 50 años de prácticas artísticas y culturales trans en México.