
Atleta, madre, coach y embajadora de New Balance, Paola Fuentes ha competido en disciplinas tan distintas como el atletismo de pista, el maratón y Exatlón. Hoy entrena a otros corredores y forma parte del New Balance Running Squad, un proyecto que busca revivir la milla como distancia competitiva en México. La hablamos sobre valentía, estrategia y lo que realmente pasa en los últimos 400 metros de una carrera.
¿Qué has ido descubriendo de ti misma al moverte entre distancias tan distintas?
Que mi identidad jamás puede estar basada en un logro, porque al cambiar de prueba empiezas de cero, sí con experiencia y autoconocimiento, pero al final de cero, y si no sabes quién eres, terminarás sintiéndote perdido. También he descubriendo que nuestro principal limitante es la mente.
Nos vendemos y compramos una idea de lo que “somos capaces” y a veces nos quedamos ahí por ser algo cómodo o familiar. Pero al mismo tiempo nos limita, y hasta que no encontramos el valor para arriesgarnos e intentar algo nuevo, que nos aterre, en lo que seamos novatos y hasta malísimos, no vamos a crecer. Al final es renunciar al ego y estar dispuestos a aprender, desaprender, ser resilientes, perseverantes y enseñables.
La milla es una prueba rara: demasiado corta para dosificarla como un maratón y demasiado larga para entregarse como un 400. ¿Qué tiene esta distancia que no tienen las otras?
Es la combinación perfecta entre velocidad y resistencia. Es aprender a correr con mucha inteligencia y estrategia, y apegarte a ese plan sin importar si el de al lado salió rapidísimo o lento. Yo lo veo como si corriera un 400 a gran escala. Un 400 en pista tiene cuatro tramos de 100 metros, cada uno se corre distinto. De igual manera, una milla son cuatro vueltas a una pista de 400m y cada tramo tiene un propósito, cada uno se siente diferente en el cuerpo porque hay un cambio en nuestros sistemas energéticos.
Me gusta porque aunque es breve, tiene la duración perfecta para disfrutar, para ajustar y corregir sobre la marcha, para encontrar tu momento y fluir en sincronía: respiración, zancada, braceo. Es muy emocionante.

En Exatlón dijiste que descubriste ser más valiente de lo que creías. ¿En qué momento has vuelto a encontrarte con esa valentía, ya sin cámaras de por medio?
En mi preparación hacia el Maratón de Londres. Ahí, durante todo el proceso, en las sesiones donde todo dolía, donde el cuerpo quería parar, donde me cuestionaba por qué lo hacía si no debía demostrar nada a nadie. Se volvió un desafío personal: demostrarme a mí misma que podía soportar la incomodidad.
Descubrí a una Paola aún más valiente para reconocer “esto me cuesta, esto no me es fácil” y aun así no soltarlo. Correr es mágico porque al final tú y solo tú puedes decidir cuándo parar. Nadie te jala ni te empuja, simplemente eres tú, la ruta y tu voluntad para dar paso a paso hasta cruzar la meta con la misma determinación con la que sales.
Para alguien que nunca ha corrido una milla en serio, ¿cómo se entrena y qué es lo que más suele fallar el día de la carrera?
Dedicarle al menos tres días a la semana, alternando sesiones de alta intensidad con las de baja: carrera continua suave, intervalos cortos e intensos e intervalos un poco más largos, complementando con días de fuerza, movilidad y descanso total. El descanso entre sesiones es fundamental: si descansamos demasiado no habrá adaptación, y si no descansamos lo suficiente nos expondremos a lesiones. Además, no todas las sesiones son a morir y no solo esas cuentan. Cada sesión tiene un por qué y respetarlo es lo que permite mejorar. Constancia y aumento progresivo son básicos, y sobre todo recordar: más no es mejor, mejor es mejor.
Lo que más suele fallar el día de la carrera es permitir que los nervios nos traicionen. Si los sentimos es porque estamos por vivir algo importante, algo que da miedo, y eso es completamente natural. Pero no podemos dejar que nos controlen, que nos hagan cambiar la estrategia o alterar nuestra rutina antes de salir. Los nervios son combustible, no una señal para paralizarse.

Eres mamá, atleta, coach, embajadora. ¿Cómo se ve tu semana real?
Mi prioridad es mi hija: llevarla y recogerla de la escuela, a sus actividades. Aprovecho siempre que está en clases para mi trabajo y la planificación de los entrenamientos de mis corredores.
Mis propios entrenamientos han pasado un poco a segundo plano porque cuando estoy con el equipo necesito estar 100% enfocada en ellos: corregir fallas técnicas, adaptaciones por cansancio o lesión. Mi vida espiritual y mi fe también son un pilar. El domingo es mi día de descanso total. Si algo debe ser sacrificado, en este momento de mi vida es mi entrenamiento antes que el de mi equipo. Aprendes a sobrellevar los días malos y dar la cara porque eres parte de los sueños que otros están cumpliendo, y no puedes permitirte fallar. Ahora vivo muchas de mis victorias a través de ellos.