
Durante poco menos de dos horas, la euforia por el futbol dio paso a una celebración marcada por líneas de bajo hipnóticas, guitarras precisas y un público dispuesto a bailar cada acorde. Parcels apareció en escena y desde ese momento el tiempo se detuvo, todo era un trance. Bastó que los cinco músicos comenzaran a tocar para que el recinto se transformara en una sola entidad. En una especie de comunión entre los seguidores de la banda australiana.







La conexión entre los músicos y sus seguidores mexicanos se hizo evidente desde el inicio, pues vienen de tocar en Monterrey y Guadalajara, ambas noches también con sold out. Cada canción, una tras otra, recibida a coros, gritos y manos levantadas. Claro, no podían faltar los emblemáticos visuales que ha creado Parcels junto con su equipo de gira: una proyección al momento de lo que está pasando. Una conexión aún más íntima entre los australianos y las 10 mil personas que llenaron el Music Pavilion. Cada presentación de Parcels es una experiencia que se sostiene por ambos, la fuerza y entrega de la ejecución musical y la espectacularidad visual de una cinemática hecha en ese momento.





Entre pasajes más íntimos y explosiones de energía disco-funk, Parcels demuestra, una vez más, como siempre lo ha hecho, por qué sus conciertos son considerados como una de las experiencias musicales más genuinas y completas. Lo que en estudio suena pulido y meticuloso, sobre el escenario adquiere una dimensión distinta: más libre, expansiva y siempre humana.
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