‘Pepe’ Mujica: una despedida entre trincheras

Pepe Mujica se despide en silencio, como quien germina bajo tierra: invisible pero eterno, con la terquedad de quien soñó otro mundo hasta el último aliento.

Fotografía cortesía

José “Pepe” Mujica fallece hoy, pero nació y creció en un mundo en el que no valía la pena mirar atrás. Último de los revolucionarios de los años de Galeano, Benedetti, Allende; Mujica queda en la historia como un hombre que se arropaba con las palabras de la libertad y la justicia. 

En las disidencias latinoamericanas están aquellos que con su cuerpo, sus voces, sus palabras, lucharon por un mundo distinto al que tocó. “La ternura es un nervio” escribió alguna vez Eduardo Galeano. Un nervio que una vez fracturado no se regenera. Es lo último que se tiene que perder cuando ya no queda nada. Mujica murió con la ternura intacta. 

Sus últimos días, en su casa en el Rincón del Cerro, área rural al margen de Uruguay, olían a pasto mojado, rastrojos de flores arrancadas y tiempos idos. El ruido, nulo; solo silencio. Hoy, 13 de mayo, no hubo estrépito en aquél lugar. Una vida de estridencia se escapó del mundo sin aullidos ni rebuznos, solo se fue de tanto andar, de tanto soñar.

Fotografía cortesía

Su vida fue una sucesión de trincheras. Desde muchacho, cuando las manos se le curtieron entre hortalizas y sueños de justicia, hasta aquel septiembre del 71, cuando escapó de la cárcel bajo tierra. Fue preso, fue rehén, fue sombra. Sobrevivió al encierro conversando con ranas y alimentando ratones, buscando humanidad en lo que no había. De ese infierno salió con llagas, cicatrices y fantasmas. 

En sus últimos días, prefirió el retiro del guerrero cansado. Él lo sabía, que había luchado hasta la muerte. Ya no quería entrevistas, ni homenajes, ni discursos. Por todo el mundo había estado, predicando para oídos llenos de esperanza. Quería volver al polvo, pero liviano, sin cuentas pendientes. Con un saldo de revolución, de vida. 

Bajo la sombra del nogal descansa aquel que nunca había descansado. Hoy Uruguay, y el mundo, despide a un hombre que entendió la justicia como si fuera horticultura: paciencia, tierra, tiempo y manos limpias.

1935 – 2025