El viaje donde los glaciares son el verdadero lujo
agosto 4, 2026
Fotografía: Cortesía
Por: Andrea Tapia
En entrevista con M Revista de Milenio, Taylor Hess, Area Sales Director para Latinoamérica de Quark Expeditions, explica por qué explorar los polos significa descubrir algunos de los últimos ecosistemas verdaderamente salvajes del planeta.
Fotografía cortesía.
Imagina navegar entre icebergs de cientos de años de antigüedad mientras una ballena rompe la superficie a pocos metros de la embarcación. Despertar rodeado de glaciares, observar colonias de pingüinos en su hábitat natural o encontrar un oso polar caminando sobre el hielo sin otra presencia humana alrededor. En la Antártida y el Ártico, la naturaleza sigue marcando el ritmo, y esa es precisamente la experiencia que hoy buscan cada vez más viajeros.
Durante décadas, estos territorios parecían inalcanzables. Sus condiciones extremas hacían que únicamente científicos, investigadores y exploradores pudieran recorrerlos. Hoy, compañías como Quark Expeditions han abierto la puerta a esos paisajes remotos sin alterar su esencia, permitiendo descubrir algunos de los últimos lugares del planeta donde la naturaleza continúa siendo la verdadera protagonista.
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Desde su fundación en 1991, Quark Expeditions ha sido una de las compañías pioneras en el desarrollo de las expediciones polares. Su historia comenzó tras la caída de la Unión Soviética, cuando antiguos rompehielos científicos quedaron disponibles para uso comercial y dieron origen a una industria que prácticamente no existía.
Con el tiempo, la compañía desarrolló embarcaciones diseñadas específicamente para este tipo de exploración. El mejor ejemplo es Ultramarine, su buque insignia.
“Le preguntamos a nuestro equipo de expedición cómo sería el barco perfecto para explorar los polos. Querían helicópteros, todas las suites con balcón, ventanas panorámicas, una mejor operación de los Zodiacs y espacios que permitieran sentirse siempre conectado con el paisaje. Así nació Ultramarine”, comparte Taylor Hess.
La prioridad nunca fue el barco, sino todo aquello que ocurre fuera de él. Poder modificar la ruta para seguir a una familia de orcas, desembarcar frente a un glaciar o aprovechar las mejores condiciones para observar fauna silvestre forma parte de la experiencia.
“No es simplemente que un barco pequeño sea mejor. Las regulaciones hacen que la experiencia cambie completamente. Podemos modificar el itinerario según el clima, aprovechar un avistamiento de orcas o desembarcar rápidamente donde las condiciones son ideales. Eso es verdadera exploración.”
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Dependiendo de la temporada, los viajeros pueden observar enormes colonias de pingüinos, ballenas jorobadas y focas en la Antártida, mientras que en el Ártico el espectáculo cambia por morsas, zorros árticos y, con un poco de suerte, osos polares caminando sobre el hielo. Los glaciares, los icebergs y las largas horas de luz durante el verano polar completan un paisaje que parece detenido en el tiempo.
“Somos una compañía de expediciones con barcos de lujo, no una compañía de lujo que hace expediciones. El verdadero lujo es aterrizar en helicóptero sobre la capa de hielo de Groenlandia y caminar en un sitio donde probablemente ningún ser humano ha estado antes. Eso es aventura de lujo.”
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Explorar para proteger
Visitar estos ecosistemas también implica comprender su fragilidad. Cada expedición incorpora especialistas en fauna, geología e historia polar que ayudan a interpretar un entorno donde el cambio climático ya es visible.
“El cambio climático es muy evidente, especialmente en el Ártico. Cada año vemos transformaciones en el hielo marino, en los glaciares e incluso en el comportamiento de los animales.”
Los viajeros también participan en programas de Science & Discovery, colaborando con investigadores internacionales mediante la recopilación de datos sobre glaciares, océanos y vida silvestre.
Sin embargo, Hess también recuerda que la naturaleza ofrece historias de esperanza.
“Las poblaciones de ballenas en el océano Austral se están recuperando gracias a décadas de protección. Es una muestra de que la conservación funciona cuando existe un compromiso colectivo.”
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Ese contacto con la naturaleza es precisamente lo que, según Quark, ha despertado el interés del viajero latinoamericano.
“El viajero mexicano de lujo no busca necesariamente un crucero tradicional. Es alguien curioso, que ya ha recorrido muchos destinos y ahora busca naturaleza, aprendizaje y experiencias realmente exclusivas.”
Y quizá esa sea la mayor enseñanza de un viaje a los polos. No se trata únicamente de observar glaciares, pingüinos o osos polares, sino de entender que estos paisajes están cambiando.
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“El mundo está cambiando. No sabemos cómo serán los glaciares, el hielo o incluso los osos polares dentro de algunas décadas. Hoy todavía tenemos la oportunidad de conocer estos lugares y entender por qué vale la pena protegerlos.”
Más que una experiencia de lujo, las expediciones de Quark invitan a contemplar algunos de los últimos territorios verdaderamente salvajes del planeta. Allí, el sonido de un glaciar desprendiéndose, el vuelo de un ave sobre el hielo o el encuentro inesperado con una ballena recuerdan que el mayor privilegio no es el barco desde el que se observa el paisaje, sino la oportunidad de presenciar un mundo que todavía conserva su estado más puro.