
En las primeras páginas de su novela, Cannery Row, John Steinbeck escribe: “Cannery Row, en Monterey, California, es un poema, un hedor, un ruido estridente, una cualidad de la luz, un tono, una costumbre, una nostalgia, un sueño.” Lo escribió en 1945, cuando esta parte de la costa todavía estaba definida por conserveras de sardina, hierro, laboratorios, bares y trabajadores del puerto. Ochenta años después, las fábricas han desaparecido y Cannery Row es uno de los puntos más visitados de California, pero Monterey conserva algo de aquella mezcla que interesaba a Steinbeck. Una de naturaleza extraordinaria, cierto aire excéntrico y una vida que sigue organizada alrededor del Pacífico.
La ciudad es suficientemente pequeña para recorrer buena parte a pie o en bicicleta, pero está conectada con Pacific Grove, Pebble Beach y Carmel-by-the-Sea de una manera que hace que todo el viaje se sienta como una sola costa. Las distancias son pequeñas, pero el paisaje cambia constantemente. Estos son nuestros indispensables.


Monterey Bay Aquarium
El Monterey Bay Aquarium funciona como una introducción al ecosistema que está literalmente detrás de sus ventanas. Está construido sobre Cannery Row, frente a la bahía, y buena parte de sus exhibiciones recrea los hábitats de la costa central de California. El agua de mar llega directamente desde Monterey Bay.
En Open Sea, una ventana de 90 pies abre hacia un tanque de 1.2 millones de galones donde conviven sardinas, tortugas, tiburones martillo y otros animales pelágicos. Es una de las vistas más impresionantes con las que me he topado. Hay algo hipnótico en quedarse frente al cardumen de sardinas hasta perder la noción del tiempo. También vale la pena salir a las terrazas exteriores: desde ahí pueden aparecer nutrias marinas y, dependiendo de la temporada, incluso ballenas jorobadas.


Monterey Peninsula Recreational Trail
Pasar todo el viaje dentro de un coche sería un error gigantesco. El Monterey Bay Coastal Recreation Trail sigue durante unas 18 millas el antiguo trazado del Southern Pacific Railway, desde Castroville hasta Pacific Grove. Pasa por Cannery Row, el acuario y Fisherman’s Wharf y, durante largos tramos, mantiene el Pacífico prácticamente al lado.
No hace falta recorrerlo entero. Una caminata o bicicleta durante un par de horas basta para entender la geografía de la península: el mar de un lado, casas de madera y cipreses del otro, gente corriendo, familias, focas, aves y el clima de California Central que puede cambiar varias veces en una misma tarde.


Jennifer Perlmutter Gallery
Carmel-by-the-Sea está a pocos minutos y vale la pena salir de la ruta más predecible para entrar a Jennifer Perlmutter Gallery. Es una galería y estudio operados por la propia artista, instalada en un espacio de apenas 625 pies cuadrados en el Millard Building. Ahí se presentan sus trabajos recientes, desde figuración hasta collage y piezas donde la textura y la memoria funcionan casi como materiales.
La escala es parte de su encanto. Carmel tiene muchas galerías, algunas bastante formales; esta se siente más próxima al lugar donde una obra se piensa y se produce. Perlmutter cree que el arte puede cambiar la forma en que nos entendemos. Ese carácter personal se mantiene porque ella misma está detrás del espacio y ofrece visitas y atención directa.


17-Mile Drive
El 17-Mile Drive pasa por una carretera que cruza Pebble Beach entre bosques de cipreses, playas, acantilados y algunos de los campos de golf más conocidos del mundo. La ruta comenzó a recibir visitantes desde el siglo XIX y sigue abierta al público de amanecer a atardecer.
La manera más divertida de hacerla es con Monterey Touring Vehicles. La compañía renta automóviles clásicos y vintage, desde Mustangs y Corvettes hasta Volkswagen buses y modelos de distintas décadas. Manejar un convertible de los sesenta junto al Pacífico introduce una cantidad inesperada de teatro en un paseo que ya es, de por sí, fotogénico.


Dónde comer: The Caledonian
Monterey County coloca una agricultura extraordinaria junto a uno de los ecosistemas marinos más ricos de California. The Caledonian, dentro del Kimpton Mirador en Pacific Grove, aprovecha exactamente esa ventaja. Su cocina, dirigida por Aaron Rayor, trabaja con productores regionales y con ingredientes procedentes tanto de los campos como de las aguas de la Central Coast. El menú evita sentirse excesivamente conceptual, con pescado, vegetales, carnes y platos reconocibles tratados con bastante más atención de la que su aparente sencillez deja ver.
El onion dip con papas hechas en casa es espectacular, sobre todo si lo pides con caviar. La hamburguesa es otro imperdible.
Vale la pena ir también por el bar. Ocupa el centro del restaurante y tiene una carta dedicada a vinos californianos, cerveza local y coctelería clásica y contemporánea. El patio con chimeneas es un gran lugar para prolongar la noche después de cenar.




Dónde quedarse: Kimpton Mirador
Kimpton Mirador Pacific Grove Monterey es nuevo, y se nota en el buen sentido. Abrió en enero de 2026 en Pacific Grove, a pocos minutos del océano, con 99 habitaciones y una arquitectura que toma referencias del Spanish Revival sin convertir el hotel en una recreación histórica.
La ubicación es probablemente su mayor lujo. Pacific Grove es considerablemente más tranquilo que Cannery Row y suficientemente caminable para salir del hotel sin plan: casas victorianas, cipreses, el faro de Point Pinos y el océano quedan muy cerca. Algunas suites añaden balcones, vistas al mar y chimeneas, mientras que el corazón del edificio es un patio con vegetación costera donde por las noches se organizan catas de vino y actividades alrededor del fuego.
Puedes reservar aquí.