
Cada año, el espacio que habita la Ciudad de México se transforma y se vende a la expresión. Esta ciudad, que construye arte cada segundo, se vuelve la catedral mundial para la escena artística.
ZsONAMACO, protagonista, alberga un ecosistema autosuficiente de creatividad y creencia: en lo efímero, en lo eterno. Escultura de alma disecada, comunión entre lo vivo y lo infértil a manos de Bárbara Sánchez-Kane; el juego de balance entre el concreto y la roca, la fragilidad como inteligencia de Jose Dávila; la neurosis anónima que hay en un muro como espejo por escalar de Miguel Calderón; o la vida y la muerte desde la obra y palabra de Gabriel de la Mora. Todo fue un solo recorrido en el Centro Banamex, entre arte, conversación, memoria y comunidad.








Con todo, tal vez falta algo más. Ir hacia donde el arte nace, su estado natural. Las calles de la Ciudad de México son el componente necesario para cumplir con la cuota artística de esta semana. Tal vez un paseo por el Centro Histórico, una caminata por las calles adoquinadas de San Ángel y sus museos, también testigos del alma expandida y alimentada del líquido invisible emitido por “lo artístico”, que no es otra cosa que la cultura. Esa —creemos— es la verdadera experiencia para entender una semana que, por poner fecha, se la llama de Arte.