
Rosalía sigue redefiniéndose a ella y a su género. Tras el lanzamiento de LUX, la artista confirmó que no tiene miedo de probar cosas nuevas y diferentes. Lleno de narrativas claras y una estética visual profundamente espiritual, el proyecto generó una gran expectativa alrededor de su tour.
Iniciando su gira en Lyon, Francia, los fans coinciden en algo: la cantante española volvió a hacerlo. Más que un concierto, el Lux Tour comienza a definirse como una obra de arte en movimiento.
Lo que distingue esta nueva etapa no es solo su sonido, sino la forma en la que Rosalía construye su universo visual. A lo largo de su carrera, la artista ha tomado inspiración de expresiones ancestrales, del arte sacro y de los grandes clásicos de la historia del arte. En este tour, esa influencia se vuelve completamente explícita: el escenario deja de ser una plataforma para convertirse en un lienzo.
Con vestuarios dignos de un ballet clásico y al ritmo de una orquesta completamente en vivo, Rosalía convierte cada acto en una composición visual. Las luces no solo iluminan, encuadran. Los movimientos no solo acompañan, evocan. Todo está pensado como si se tratara de cuadros vivos que dialogan con siglos de historia del arte.
Un escenario como museo en movimiento
Estas fueron algunas de las referencias de obras clásicas que la cantante reinterpretó durante el show:


La Venus de Milo
Más que una pose, Rosalía construye la escultura en vivo. Su cuerpo permanece al centro mientras múltiples manos la rodean, simulando la forma fragmentada de la Venus de Milo. No es solo una referencia visual, es una reconstrucción contemporánea del cuerpo clásico.


La Mona Lisa
Aquí la referencia es directa y performativa. Rosalía se coloca dentro de un marco dorado como si fuera la pintura misma, mientras invita a fans a subir al escenario para observarla. La obra deja de ser objeto y se convierte en experiencia: el público no solo ve, participa en el acto de contemplación.


El Mito de Ícaro
Vestida con alas, Rosalía encarna la figura de Ícaro. A medida que avanza la escena, las plumas comienzan a desprenderse y cubrir el escenario, marcando su descenso. Es una metáfora visual del exceso, la ambición y la fragilidad. Y al final, ella misma se lanza al vacío, completando la narrativa del mito: no solo lo representa, lo encarna.


El Aquelarre de Goya
La referencia aquí es casi literal. Rosalía aparece rodeada de un grupo que construye una figura colectiva, mientras se forman cuernos sobre su cabeza. La escena replica la composición del aquelarre: una figura central, una comunidad alrededor y una energía ritual, oscura y simbólica.


Las Bailarinas de Degas
En este momento, Rosalía se transforma completamente en bailarina. Vestuario, postura y movimiento remiten directamente al universo de Degas. No es solo estética: hay técnica, disciplina y una intención clara de llevar el ballet clásico al lenguaje pop.

Lo sagrado convertido en espectáculo
Más allá de las referencias, lo que logra Rosalía es algo más complejo: traducir siglos de historia del arte a un lenguaje contemporáneo. No se trata de citas literales, sino de reinterpretaciones que mezclan lo clásico con lo pop, lo sagrado con lo performático. En ese cruce, también se confirma algo más amplio: Rosalía no solo dialoga con la historia del arte, está empezando a modificarla desde la industria musical.
El Lux Tour no solo se ve, se contempla. Y en ese ejercicio, Rosalía reafirma algo que ya venía construyendo desde hace años: su lugar no es únicamente dentro de la música, sino dentro de una conversación más amplia con el arte. Como hoy retoma referencias del pasado, no resulta difícil pensar que, en el futuro, su propio lenguaje visual se convierta en referencia para nuevas obras, nuevos artistas y nuevas formas de entender el espectáculo.