
La Alta Costura siempre ha estado ligada a la precisión. Sin embargo, también depende de aquello que escapa al control: la intuición, el accidente y la capacidad de imaginar lo que todavía no existe. Esa tensión entre dominio e incertidumbre constituye el punto de partida de The Call of the Void, la nueva colección Otoño/Invierno 2026-2027 de Schiaparelli.
Lejos de presentar una colección construida sobre certezas, Daniel Roseberry parte de una experiencia profundamente personal. Tras considerar la temporada anterior como un punto de inflexión para la maison, intentó repetir el mismo proceso creativo. Sin embargo, descubrió que toda fórmula termina limitando aquello que pretende preservar. Solo cuando abandonó esa búsqueda encontró el lenguaje de esta colección.
La reflexión conecta directamente con el legado de Elsa Schiaparelli. Para la diseñadora, el surrealismo nunca representó una vía de escape frente a la realidad. Al contrario, funcionó como una herramienta para revelar aquello que permanece oculto o resulta difícil de explicar. Roseberry retoma esa idea y entiende la creación como un territorio donde la contradicción posee tanto valor como la técnica.
Esa postura también transforma la elección de los materiales. En lugar de limitarse a las fibras tradicionalmente asociadas con la Alta Costura, la colección incorpora látex, silicón y superficies creadas a partir de pintura horneada. Así, materiales habitualmente considerados industriales adquieren una nueva dimensión mediante procesos artesanales de extraordinaria complejidad.


La experimentación continúa en las siluetas. Un bustier hiperrealista fue esculpido y posteriormente fundido en silicón antes de recibir un acabado azul lechoso pintado a mano. Asimismo, otra falda reúne cientos de flores elaboradas con medias tensadas sobre estructuras metálicas y perlas. En otro conjunto, tubos de crinolina esculpidos generan una sensación de volumen casi ingrávido.


El diálogo entre naturaleza y artificio atraviesa toda la colección. Una chaqueta y unas leggings aparecen cubiertas por flores naturales, escamas de pescado y flores de listón. Además, largos tentáculos de látex emergen desde los hombros, prolongando una estética donde el cuerpo parece transformarse en una criatura orgánica e imaginaria.
El color desempeña un papel igualmente importante. Roseberry construye una paleta inspirada en la flora y la fauna marina mediante tonos como rosa langosta, violeta, mandarina, azafrán y menta pálido. Estos matices conviven con negro brillante, crudo cera y el característico oro Schiaparelli, entendido no como un acabado decorativo, sino como un elemento escultórico capaz de modificar la percepción del cuerpo.
Los accesorios prolongan esa misma exploración. Nuevas versiones de la Secret Bag incorporan picos de crinolina o bordados florales. Por su parte, el calzado The Bubble combina una estructura metálica con una funda de silicón. La joyería también recurre al mundo marino mediante pendientes en forma de conchas, pulpos y anémonas reinterpretados en porcelana, oro y silicón.


Más allá de las prendas, la colección plantea una reflexión sobre el propio significado de la maestría. Para Daniel Roseberry, dominar un oficio no consiste únicamente en controlar la técnica. También implica aceptar aquello que todavía no puede explicarse y confiar en un proceso donde las respuestas aparecen únicamente después de asumir el riesgo de lo desconocido.
Con The Call of the Void, Schiaparelli recupera uno de los principios fundamentales de Elsa Schiaparelli: convertir lo imposible en un método creativo. La colección demuestra que la Alta Costura no avanza mediante la repetición de fórmulas exitosas, sino gracias a la capacidad de cuestionarlas. En ese gesto, el vacío deja de representar una ausencia para convertirse en el lugar donde comienzan las ideas.