
La identidad mexicana siempre ha oscilado entre mito, propaganda y apropiación cultural. Muchas veces, lo nacional ha sido reducido a narrativas de derrota o folclor congelado. Frente a eso, la colaboración entre Solosé y el artista visual Rubén Landini propone otra dirección. El proyecto utiliza símbolos populares, deportivos y religiosos para construir una nueva fantasía colectiva sobre México.
La colección será presentada el próximo 31 de mayo en el Museo Mural Diego Rivera. El recinto resguarda Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, uno de los murales más emblemáticos de Diego Rivera. La fecha coincide con el aniversario de la inauguración del torneo mundialista de ese año en la Ciudad de México.
La activación incluirá una cascarita organizada por Solosé, un DJ set y una propuesta gastronómica de Chalino Chino. Sin embargo, el centro conceptual del proyecto aparece en la pieza principal de la colaboración. Un jersey ficticio de la selección mexicana donde el triunfo mundialista ya ocurrió.
La propuesta parte de una idea profundamente ligada a la cultura popular mexicana. Durante décadas, distintas frases asociadas al fracaso deportivo terminaron construyendo una especie de resignación colectiva. Frente a eso, Solosé y Landini responden desde otro lugar. Imaginar el triunfo antes de que exista. Construir una narrativa donde México se piensa desde posibilidad, orgullo y fuerza cultural.
El jersey funciona como una condensación visual de esa idea. La pieza mezcla referencias religiosas, prehispánicas y deportivas dentro de un lenguaje deliberadamente maximalista. La Virgen de Guadalupe aparece fusionada con elementos asociados a Coatlicue. También aparecen símbolos zapotecas, mexicas y mayas a lo largo de toda la composición gráfica.
El resultado se aleja de la limpieza visual dominante dentro del sportswear contemporáneo. En cambio, apuesta por una saturación iconográfica profundamente ligada a la tradición estética mexicana.


Más allá de la prenda, el proyecto también busca recuperar una dimensión popular del arte. Rubén Landini plantea una crítica hacia cierta producción artística contemporánea que se volvió inaccesible fuera de círculos intelectuales cerrados. Frente a eso, utiliza elementos reconocibles de la cultura popular masiva, como el álbum Panini y la iconografía futbolera, para retratar al “nuevo México” desde una lógica más inmediata y colectiva.
La referencia a Rivera tampoco funciona únicamente como un gesto institucional. Existe una intención clara de dialogar con la capacidad que tuvo el muralismo para construir identidad nacional desde imágenes pensadas para el espacio público. Así como Rivera retrató a los personajes que moldearon el imaginario revolucionario mexicano, Landini propone una nueva galería de rostros, símbolos y aspiraciones asociadas al presente contemporáneo del país.
Con esta colaboración, Solosé y Rubén Landini construyen algo más cercano a un manifiesto visual que a un simple drop de moda. La propuesta utiliza deporte, arte y cultura popular para imaginar una versión distinta de México. Una visión menos definida por la derrota histórica y más cercana a la afirmación colectiva.